Sombras y esperanzas en el 2021

El 2020 ha sido uno de los años más difíciles que la mayoría de los nicaragüenses ha debido soportar en los últimos tiempos.

Una represión policial implacable, leyes represivas más duras, pandemia, huracanes, desempleo masivo y mayor carestía de la vida, crisis del Seguro Social, etc. Un amargo cóctel que el pueblo de Nicaragua ha sido obligado a tomar.

No es la primera vez que los nicaragüenses soportan tan malos tiempos como el del año 2020. A lo largo de la historia han tenido muchos años nefastos, como llamaban los antiguos romanos a las fechas cuando ocurrían grandes desgracias y catástrofes.

Pero no solo grandes males hubo en Nicaragua, en el año recién pasado. También surgieron nuevas oportunidades para muchos y hubo revelaciones de la grandeza humana, que siempre se manifiesta en las más oscuras situaciones.

Como muchos lo saben, la crisis política o de gobernabilidad del país es el eje alrededor del cual giran todos los demás problemas nacionales, grandes y pequeños. Y por lo consiguiente, del cambio político depende la solución o al menos el alivio de todo lo demás.

En este orden, es necesario reconocer que además de la represión agravada e incesante de la dictadura, en el 2020 también se manifestó de múltiples maneras creativas la resistencia pacífica de la oposición democrática. Resistencia que en condiciones de una dictadura como la que existe en Nicaragua actualmente, no solo es admirable sino también heroica.

Esto es una señal de que a pesar de todas las dificultades, represiones, conflictos y desencuentros, palpita en el seno de la sociedad una energía democrática que ha demostrado ser volcánica y que podría volver a estallar, como en abril de 2018. Más todavía, otro estallido político podría ser más potente y decisivo, como suele ser en la historia una segunda explosión revolucionaria después de que la primera fue derrotada.

Ante la ferocidad de una dictadura que cierra todos los espacios para la protesta pacífica; frente a la evidencia de que el dictador no acepta arriesgar el poder en elecciones competitivas; y ante las dificultades y vueltas de una oposición, de la que algunos dirigentes no parecen entender todavía el valor supremo de la unidad de acción en las actuales circunstancias, muchas personas podrían pensar, y creer, que la lucha por la libertad y la democracia no tiene sentido.

Pero sí lo tiene, y mucho. Es cuestión de perseverar. Ninguna dictadura es invencible y eterna, por muy poderosos y crueles que sean los dictadores. Solo es cuestión de tiempo para que desaparezcan. Para lo cual hay que forjar y emplear las herramientas de lucha adecuadas, y aprovechar la oportunidad cuando se presente, porque siempre se ha de presentar.

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