Ojalá y el Año Nuevo sea mejor

A escasos tres días, finalizará el 2020, un año que para el mundo y los nicaragüenses nos será difícil olvidar. La pandemia del Covid19 que cobró la vida de más de un millón de personas aunado a los fenómenos naturales hizo de las suyas en varias latitudes. Nicaragua no ha sido la excepción, además de la pandemia nos azotaron dos huracanes, pero ojalá y eso hubiese sido todo. La pandemia humana que significa la dictadura no solo se endureció en el 2020, sino que amenaza con recrudecerse aún más en el año que está por comenzar, razón por la que no puedo despedir el año con el usual Feliz Año Nuevo.

En el último trimestre, la dictadura convirtió en “ley” aberraciones que conculcan nuestros más elementales derechos humanos, entre ellas la Ley de Agentes Extranjeros, que permite al Gobierno controlar las actividades de cualquier persona que reciba fondos o apoyo del exterior, incluyendo organizaciones de derechos humanos y medios de comunicación. Ley contra el Ciberdelito que penaliza la difusión de “noticias falsas” y otras expresiones en internet, que seguramente se usará para silenciar y castigar la libre expresión y la más aberrante, la Ley de defensa de los derechos del pueblo a la independencia, la soberanía y autodeterminación para la paz. Cuyo principal propósito es inhibir políticamente a los opositores al Gobierno, además de amenazarlos con cárcel si se atreven, entre otras cosas: a demandar, exaltar o aplaudir las imposiciones de sanciones contra el Estado de Nicaragua y sus ciudadanos.

Esta última fue el presente de Navidad de una dictadura que ha arrasado con el estado de derecho y ahora pretende penalizar nuestro derecho a pensar y solicitar el apoyo internacional para sacudírnosla. Todo lo expuesto anteriormente no es más que el patético esfuerzo de un régimen que se sabe en decadencia y que se niega a aceptar que ya nadie le compra su falso socialismo y mucho menos las rasgaduras de vestiduras de sus incondicionales, los que en realidad lo que defienden son las migajas que recogen de la mesa del dictador. No me tilden de pesimista, pero lo que avizoro para el año nuevo no es nada bueno. El desempleo continuará deteriorándose, el turismo seguirá ausente, la inversión extranjera seguirá alejada y los atropellos de la dictadura se incrementarán. Desgraciadamente los acontecimientos que podrían acelerar el retorno a la democracia no terminan de llegar, me refiero al endurecimiento de las sanciones, hasta ahora van veinticinco sancionados y pueden llegar a quinientos y seguirán tan campantes como el hombrecito del Johnny Walker; si la comunidad internacional de verdad quiere ayudarnos a sacudirnos esta dictadura, tendrá que ser más imaginativa.

En el centro de toda esta vorágine, están nuestros dirigentes políticos, hasta el día de hoy ninguno de ellos ha demostrado estar a la altura de lo que esperamos de un verdadero líder y lo único que se les ocurre para disimular su falta de liderazgo, es clamar por la unidad de la oposición, cuando en realidad la oposición está unida, los que deben de unirse son ellos. Mientras escribía este artículo, me informaron que un partido “opositor” está exigiendo veinticinco diputados para permitir que sus aliados pongan al candidato a la presidencia, una exigencia que muy pronto será del dominio público.

Para finalizar, dejo la siguiente pregunta a los que aspiran a liderar a la oposición para sacudirnos no solo al dictador, sino que también todos los residuos de la dictadura. ¿Cómo esperan expulsar a un régimen que está defendiendo un botín calculado en más de 10 mil millones de dólares y que, si tienen que dejársenos venir con todo nuevamente para defenderlo, lo volverán a hacer? Mientras no resuelvan esa ecuación, hay que ser prudentes con los sacrificios que le pidan a un pueblo que ya lo ha dado todo en más de una ocasión en defensa de su democracia.

El autor es comentarista político.

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