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Grande, fuerte y durable, Juan Carlos Ramírez parecía haber descubierto en el 2017 la clave para el éxito, al fin, en su laboriosa carrera. Había agregado variedad a su repertorio y su bola rápida se continuaba desplazando con electricidad y además también con mucha obediencia.
Los Angelinos se animaron y sintieron que era un hallazgo al verlo cruzar la barrera de las diez victorias y la frontera de los 140 innings. Hasta entonces, el nica había pasado de una organización a otra sin dejar huella, pero de pronto vino la lesión en el antebrazo.
Y desde aquel agosto del 2017, Ramírez ha tratado sin mucho éxito regresar a los niveles que habían emocionado a los Angelinos e ilusionado a sus seguidores en Nicaragua. Pasó por diversos procedimientos médicos, hasta una cirugía reconstructiva Tommy John en el 2019.
No obstante, JC parece de nuevo encarrilado. El miércoles, mientras hacía una apertura más con los Tomateros de Culiacán en la Liga Mexicana del Pacífico, el nica volvió a echar fuego desde el brazo, pero además lanzó con control y mostró una variedad de recursos.
Fue tan preciso su trabajo, más allá de haber perdido 2-0 ante los Naranjeros, que hasta se lanzó un episodio inmaculado: tres ponches con nueve lanzamientos. Tratándose de JC, quien no ha sido propiamente un artista del control, eso resulta admirable sin duda alguna.
Y aunque de momento no tiene un sitio seguro para un potencial retorno a las Ligas Mayores, no hay duda que el trabajar con ese nivel de dominio y sobre todo por tener de vuelta la velocidad a sus disparos, está mas cerca del ansiado regreso al big show.
Ramírez es un tirador con más de 200 innings lanzados (288.1), más de 200 ponches (204) y 142 partidos jugados en las Grandes Ligas. A los 32 años aún está joven y si está saludable y fuerte, seguro va a volver. En Culiacán tiene 2-2 y 2.05 y eso es llamativo.
Más importante aún, JC pasó de ser un tirador a un lanzador pensante, con un buen repertorio y habilidad para mezclar disparos. Su recta está caliente, pero también su control está al máximo. Un lanzador así, no está ahí a la vuelta de la esquina. Requiere trabajo encontrarlo.
El miércoles, Ramírez lanzó consistentemente a 95 millas, aunque también hizo disparos por encima de esa velocidad. Su promedio en el 2017, cuando vivía su mejor momento, era de 95.5 millas en su recta. En 2018 bajó a 93.3 millas y en 2019 andaba por 91 millas.
Quizá también habrá cambios en su patrón de pitcheo. En 2017, su arma principal era el sinker (37.7 por ciento) y luego el slider (32.2 por ciento), mientras la recta de cuatro costuras la usaba solo en el 18 por ciento de las veces y la curva un 12.1 por ciento.
En los últimos dos años, de trabajo esporádico, ha dado más uso a la curva (30.8 por ciento) y a su recta (54 por ciento), mientras disminuye la utilización del sinker, que probablemente tiene que ver con precauciones después de su cirugía, pero eso podría cambiar para el 2021.
Lo esencial es que JC está de regreso y con su recta caliente, que ha sido su arma.
Edgard Rodríguez está en Twitter: @EdgardR
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