¡Diciembre, paz y buena voluntad!

“¡Gloria a Dios en las alturas y paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad!”, dice el mensaje celestial que hace más de dos mil años hemos venido repitiendo, renovando nuestra fe en el Divino, Luz que vino al mundo, y el mundo no lo recibió.

¡Oh… diciembre alegre! Cómo hubiéramos querido que realmente hubieras sido como en tiempos pasados, pues nuestro pueblo ha transcurrido un penoso camino de lágrimas y congojas, primero los efectos de la pandemia del Covid 19, en la que tantos amigos y conocidos se nos separaron sin despedirnos de ellos, luego, los huracanes Eta e Iota. Un desastre humano y ambiental allá por la Costa Atlántica, que asola y destruye con pérdidas de hermanos, lo que desde nuestro corazón compartimos con sentimientos de fe como de esperanzas.

La fe que se sustenta en todo lo que Dios ha dicho en su palabra, aun cuando las circunstancias hayan sido muy adversas, no debemos dudar de su veracidad, y mejor si esta está basada en el amor que cifra sus esperanzas en cosas esperadas, pues quien tiene esperanzas espera y confía, con conciencia de la presencia de este Ser superior en la historia.

Sin embargo, a pesar de todo lo sucedido, este tiempo no deja de ser la poesía que nos revela la presencia de un mañana con esperanzas. Es el tiempo propicio para los valores compartidos que dan fortalezas a nuestras actitudes, el bien, la bondad, el orden, el respeto a la dignidad de nuestros semejantes, el amor, la paz, la fraternidad, la perfección y, ante todo, el valor absoluto, Dios.

Diciembre es el momento que se nos ofrece para aunar en el fundamento de las buenas relaciones; para crear una comprensión justa y humana. Cristo, que es la Luz… nos invita implícitamente a cambiar en la búsqueda de disfrutar de una justa y deseable tranquilidad, pues esta debería ser parte nuestra. El progreso cultural está unido al crecimiento moral y espiritual del hombre, porque es por medio de su cultura que se realiza como tal.

Diciembre es el momento, que con inquietud de niños, queremos mirar a los ojos de Dios y descubrir sus divinas intenciones, comunicarnos con Él y hablarle sobre nuestros futuros propósitos, esperando encontrar en su respuesta, lo que suscita en nosotros la intelección del alma que es fuente viva que mana de Él: su sacramento. Expresa en este tiempo el verso sublime que se funde en el éxtasis dialógico que a través de los siglos se enciende en nosotros.

Finalmente, diciembre, luego de ser un símbolo de paz y buena voluntad entre los hombres, es el mes de la alegría cuando se canta a María, la virginal y encendida estrella que desde el angélico azul impregna la luz esplendorosa de su celestial sonrisa.

Cuando de los cálices de las flores/ se levanta el aroma perfumado/ y en cada dulce aurora bella/ las aves trinan sus cantares de fiesta/ ¡Toda hermosa eres María!…

El autor es promotor cultural.

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