Darwin Jiménez de 29 años, hijo de artesanos de San Juan de Oriente, Masaya, falleció por covid-19 el 1 de diciembre en México. LA PRENSA / CORTESÍA

Darwin Jiménez de 29 años, hijo de artesanos de San Juan de Oriente, Masaya, falleció por covid-19 el 1 de diciembre en México. LA PRENSA / CORTESÍA

La historia de Darwin Jiménez Pérez, el médico nicaragüense que murió por coronavirus en México

Siempre quiso ser médico, tenía 29 años y estudiaba la especialidad de trasplante renal. Se contagió del virus y pasó 95 días batallando, la mayor parte intubado y sedado. Sus padres lo quieren recordar sonriente, lleno de vida y trabajando por los más necesitados

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Este 10 de diciembre, los artesanos de San Juan de Oriente, Masaya, Juan Jiménez y Paula Pérez, cumplen tres meses de haber llegado a México. Emprendieron el viaje para encontrarse con su primogénito, Darwin Jiménez Pérez, un médico nicaragüense que sacrificó todo lo que tenía por irse a dicho país a estudiar la especialidad de trasplante renal en la Universidad Nacional Autónoma de México, para después hacer sus prácticas profesionales en el Hospital Juárez. Ahí se contagió de Covid-19.

Darwin nació el 12 de mayo de 1990 en el Hospital Humberto Alvarado, en Masaya, y falleció a sus 29 años el 1 de diciembre en el Hospital de Nacional de Cardiología en México. Pasó 95 días batallando contra el Covid-19, la mayor parte de este tiempo estuvo intubado y sedado.

«Siempre quiso ser médico»

Juan Jiménez, de 55 años, aún no asimila la pérdida de su hijo pero afirma sentirse satisfecho porque siempre lo apoyó. A sus nueve días de fallecido lo recuerda como un joven muy trabajador, humilde e inteligente. Su educación primaria la estudió en dos colegios de Catarina y su secundaria en el colegio Augusto César Sandino, en Niquinohomo.

«Siempre fue un excelente alumno, todos los años salía como alumno abanderado, en quinto año de secundaria participó de olimpiadas académicas, donde resultó el ganador de los municipios de Masaya y después departamental, pero en la nacional quedó en segundo lugar, porque una niña de la Costa Caribe le ganó», contó a LA PRENSA el padre de Darwin. Ahora atesoran los recuerdos de la infancia y adolescencia de su hijo.

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Con la voz entrecortada, Paula Pérez cuenta que a su hijo Darwin siempre le interesó estudiar medicina, después de aprobar la secundaria estudió inglés y luego realizó el examen de admisión en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua), donde aprobó y a los tres meses le otorgaron una beca de excelencia académica.

«Cuando ya terminó de estudiar inglés, me dijo que quería estudiar medicina, nosotros le dijimos que siempre tenía nuestro apoyo. Él siempre quiso ser médico, tenía la vocación, practicaba en la casa, me acuerdo que cuando su mamá mataba a los pollitos, él iba a ver dónde tenían sus órganos, siempre tenía la iniciativa de ir conociendo todo eso», explicó el padre.

El médico Darwin Jiménez, de 30 años, falleció el martes 1 de diciembre en México. LA PRENSA/Cortesía

Para que Darwin lograra culminar su carrera, sus padres tuvieron que hacer doble esfuerzo para apoyarlo económicamente. «Nosotros a como fuera le buscábamos la ropa, los libros que eran muy caros y una vez cuando ofrecí mis productos en una feria, una clienta canadiense me hizo un pedido para exportar a su país, como nos vio en aprietos ella me dijo ‘Juan José, vamos a ayudarle a Darwin con los libros’. Mantuvo su beca, pasaba estudiando de día y de noche, fue alumno guía», detalló Jiménez.

Darwin se graduó de Medicina y brindó sus dos años de servicio social en Río San Juan e hizo su residencia en el Hospital Manolo Morales, en Managua. «Se fue dos años a Río San Juan y viajaba cada dos meses a la casa, estaba al pendiente siempre de nosotros, cuando terminó dijo que quería seguir estudiando cirugía, aprobó en la UNAN y estudió otros cuatro años, compró su primer carro usado, de tercera mano», señaló Jiménez.

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La vida de Darwin giraba, según declararon sus padres, en torno a estudiar, prepararse y a servir por medio de su vocación por la Medicina. Era tanto su ahínco, que vendió el carro que tanto le había costado comprar para poder ahorrar y pagar su estadía en México de dos años que costaba 20 mil dólares. Fue difícil pero lo logró.

«Se fue en noviembre de 2018 a hacer sus exámenes porque quería estudiar endoscopia, pero no clasificó por lo que se quedó a estudiar trasplante renal, regresó en diciembre 2019», dijo su padre.

En medio de la profunda nostalgia que le causa hablar de su hijo, Jiménez recordó que una vez alguien le dijo a Darwin que «no iba a dilatar en México y que iba a regresar a casa con una mano atrás y la otra adelante, pero él no hizo caso y se fue a cumplir con su meta». Ellos se dan por complacidos con todo lo que alcanzó.

La última llamada

Desde México, Darwin siempre estuvo aconsejándoles que se protegieran por la pandemia y ellos cumplían las medidas cuando podían, pero aún así se contagiaron tres miembros de la familia en Nicaragua.

«En mayo nosotros agarramos coronavirus, a mí me internaron en el Hospital de Rivas, él (Darwin) estaba afligido por su mamá, su hermana y por mí, desde México nos llamaba diciéndonos qué medicina nos debíamos tomar y nos recomendó a un amigo médico que él tenía y que trabajaba en el hospital. Yo gracias a Dios salí de alta y cumplimos la cuarentena en la casa», contó Jiménez. Nunca imaginó que su hijo se contagiaría también y menos que en cuestión de días agravaría su salud.

El doctor Darwin Jiménez llegó a México para estudiar una especialidad en trasplante renal y murió por Covid-19. Foto: Cortesía

Darwin en México realizaba sus prácticas en el Hospital Juárez, uno de los centros hospitalarios destinados en ese país para atender pacientes con Covid-19, por lo cual él siempre se protegía con el equipo médico adecuado y reforzaba sus medidas de cuidados sanitarios, pero el SARS-CoV-2 encontró la manera de colarse en su sistema. Sus progenitores relataron a LA PRENSA que la última llamada con él fue a inicios de septiembre.

«Era el 5 o 6 de septiembre, fue en la mañana que él nos llamó y a mí me dijo ‘papá, me falta el aire, ya no puedo respirar’ y a su mamá le dice ‘no puedo ni agarrar el jabón para bañarme, no puedo hacer nada’, y después en cuestión de horas nos llama la doctora Greta, su amiga, y nos dijo que lo internaron en el hospital y que necesitaba un permiso, un poder notariado para intubarlo, todo fue rápido», mencionó Jiménez.

Su hijo les contaba cómo lo trataban en México, fuera en la universidad o en el hospital. «Nos llamaba y se escuchaba alegre, nos decía que lo trataban bien y nosotros lo comprobamos durante los tres meses de su batalla, a pesar que el Covid-19 nos ganó la partida, a él lo trataron muy bien, lo logramos ver más de dos veces, siempre sedado pero su cuerpo se miraba bien, parecía que no tenía esa enfermedad, lo alimentaban por sonda y le hacían transfusiones de sangre, pero lo que lo tenía delicado eran los pulmones, nos dijeron que uno ya lo tenía blanco y que no podían hacer nada más y que solo le daban 44 horas», explicó.

Según su padre, a él lo invitaban a realizar cirugías y a veces ni siquiera les cobraba a los pacientes más humildes y necesitados.

«A él le gustaba trabajar, era un joven bien alegre, lo invitaban a hacer siempre cirugía porque lo miraban animado, muy dedicado, con ganas de estar ahí, eso lo caracterizó también en Managua, le encantaba ver a sus pacientes era bien dedicado y lo mismo era en México, muchos pacientes lo lloraron, nos contaba que no le cobraba a la gente humilde las cirugías, eso era algo que nos llenaba de satisfacción porque eso era lo que él deseaba llegar hacer a Nicaragua, a su pueblo», describió Jiménez la vocación de su hijo.

«Me gustaría tenerlo vivo y que recibiera su título»

En noviembre 2018, cuando Darwin viajó, sus padres recuerdan que abordó el avión muy feliz, porque estaba cerca de cumplir con su especialidad. El Hospital Juárez de México realizó un homenaje al médico nicaragüense el 6 de diciembre, donde entregó un reconocimiento a Paula Pérez y Juan Jiménez.

Padres de Darwin Jiménez reciben reconocimiento por parte del Hospital Juárez. LA PRENSA / CORTESÍA
Padres de Darwin Jiménez reciben reconocimiento por parte del Hospital Juárez. LA PRENSA / CORTESÍA

Ahora su madre y padre se encuentran a la espera de un vuelo humanitario para trasladar hacia Nicaragua las cenizas de Darwin. «En cuanto sepamos de un vuelo nosotros nos vamos, vamos a velarlo y al día siguiente enterraremos sus cenizas en el cementerio de San Juan de Oriente. La verdad que nunca pensamos que nuestro hijo se nos iba adelantar, nuestro deseo era que él nos cerrara los ojos cuando nosotros muriéramos», concluyó Jiménez.

Se espera que la Universidad Nacional Autónoma de México en febrero de 2021 le extienda el título de la especialidad de trasplante renal.

«Estaba muy contento, alegre, porque venía a estudiar lo que él quería, por lo que tanto luchó, pensaba regresar a Nicaragua en febrero 2021 cuando terminará sus estudios. Me gustaría tenerlo vivo y que recibiera su título porque fue por lo que él se sacrificó… Nos sentimos felices, tranquilos, porque sabemos que él hizo lo que tenía que hacer. Queremos recordarlo sonriendo, lleno de vida y trabajando por los más necesitados», afirmó Jiménez.

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