Hoy es el Día de los Derechos Humanos, una jornada de gran significación para todos los pueblos del mundo, en particular para aquellos donde los derechos y la dignidad de las personas son violentados por crueles dictaduras, como la de Nicaragua, que actúan al margen de la ley internacional.
La Asamblea General de las Naciones Unidas convocó en 1950 a todos sus Estados Miembros, a celebrar cada 10 de diciembre este día para conmemorar que en esa fecha del año 1948 se aprobó la Declaración Universal de Derechos Humanos. La convocatoria fue inspirada por las palabras de la esposa del presidente de EE.UU. Franklin D. Roosevelt, la señora Eleanor Roosevelt, quien fuera una de las redactoras principales de la histórica Declaración .
“En definitiva, ¿dónde empiezan los derechos humanos universales?”, se preguntó la señora Roosevelt, y se respondió ella misma: “En pequeños lugares, cerca de casa; en lugares tan próximos y tan pequeños que no aparecen en ningún mapa. […] Si esos derechos no significan nada en estos lugares, tampoco significan nada en ninguna otra parte. Sin una acción ciudadana coordinada para defenderlos en nuestro entorno, nuestra voluntad de progreso en el resto del mundo será en vano”.
Todos los Estados de los 193 países que en la actualidad son miembros de la ONU, están obligados a respetar la Declaración Universal de Derechos Humanos y actuar de acuerdo con sus preceptos. Pero muchos de ellos, como el de Nicaragua, no lo hacen. Los violan sin piedad y tratan de ampararse en el derecho a la autodeterminación nacional, como si esta fuese de los gobernantes y no de los pueblos y las personas de cada país.
Nicaragua aprobó la Declaración Universal de Derechos Humanos el mismo 10 de diciembre de 1948, pero la dictadura somocista no los respetaba. Para denunciar sus violaciones se formó en abril de 1977 la Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH), que durante mucho tiempo fue la única organización que los defendía. La CPDH existe hasta ahora y junto a ella funcionan otros organismos defensores de los derechos humanos, incluyendo algunos en la Costa Caribe y otros en el exilio. En este día tan solemne, hay que rendir a todos sus miembros un tributo de agradecimiento, admiración y respeto por su abnegada labor en defensa de los derechos humanos, enfrentando la represión y el acoso de la dictadura.
Los derechos humanos sangran en Nicaragua. Nunca antes, ni siquiera cuando la dictadura somocista, fueron tan brutalmente violados como ocurre ahora, bajo el régimen orteguista. Los organismos internacionales de derechos humanos denuncian a menudo las violaciones a los derechos humanos en Nicaragua. Incluso, por ser tan despiadado el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, la CIDH lo ha acusado de cometer crímenes de lesa humanidad.
Pero lamentablemente no hay una norma internacional coercitiva para castigar a los regímenes y los gobernantes que violan los derechos humanos como sistema y política de Estado. Tendría que haberla. Los violadores de los derechos humanos no deberían permanecer en la impunidad.