De la democracia tica, nadie duda. Los nicaragüenses tenemos sana envidia de eso, al igual que un eterno agradecimiento por su solidaridad, desde la gesta del gran Juan Santamaría en el siglo XIX, hasta el respaldo como santuario en su territorio con la venia de los presidentes Figueres Ferrer, Carazo Odio y Monge Álvarez para la lucha infructuosa en contra de las recurrentes dictaduras en Nicaragua por la libertad que tanto seguimos anhelando, ahora de forma pacífica.
Por supuesto que sobresale el papel del presidente Óscar Arias en su exitosa propuesta que puso fin a la guerra civil en Nicaragua en los años 80, y ayudó a la pacificación en Centroamérica y que le mereció el Premio Nobel de la Paz (aunque también con su reelección producto del fallo del Tribunal Constitucional que lo permitió), sirvió de “argumento jurídico” para que los magistrados sandinistas justificaran que Ortega lo hiciera también, para nuestra desgracia.
Sin embargo, la razón que me motiva a escribir esta reflexión obedece a la inusual respuesta de la Fundación Arias para la Paz y el Progreso Humano sobre el reclamo del Ejército de Nicaragua demandando evidencias de que algunos de sus miembros están involucrados con policías costarricenses, en el tráfico de migrantes. Muchos nicaragüenses como yo, queremos saber la verdad y si es así, que el ejército asuma su responsabilidad y se castigue a los culpables. Pero no se puede caer en el mismo estilo del gobierno de Ortega que miente tanto, que nadie le cree. No le luce al equipo del presidente Óscar Arias esquivar el bulto y pretender desviar la atención.
Es verdaderamente inexplicable que la respuesta de la fundación del señor Arias Sánchez, no evidencie lo que denuncia, olvidando quizás la frase emblemática del expresidente costarricense: «No hay nada peor, que tener miedo a decir la verdad».
Creo que la estrategia de la fundación Arias pretende confundir y evitar responder ante la seria afirmación del Ejército de Nicaragua de que -en enero 2020-, autoridades de su país otorgaron permisos oficiales a cuatro ciudadanos iraníes circulados internacionalmente como sospechosos de pertenecer a organizaciones terroristas (ISIS), y que fueron detenidos por soldados nicaragüenses al pretender ingresar ilegalmente a mi país, mientras uno de los consultores afirmaba que ingresaron por el aeropuerto de Managua, lo que según admitieron oficiales ticos, era falso, aceptando además que efectivamente habían otorgado un permiso especial a los sospechosos de pertenecer a ISIS, poniendo en riesgo al mismo pueblo costarricense.
Para Costa Rica entera, quizá sería productivo que la fundación del presidente Oscar Arias ayude a preservar el oasis de paz que los nicas envidiamos, investigando las razones que ponen en riesgo la afirmación no desmentida de que en Costa Rica otorgan documentos oficiales a extremistas sospechosos de terroristas islámicos en su territorio y que se detienen en Nicaragua.
El autor fue ministro de Defensa de Nicaragua en el gobierno de Enrique Bolaños.