/ Néstor Cedeño

El deber del nuevo movimiento cultural

Si aún puede ver algo positivo que salió de la Revolución Popular Sandinista, podría ser que a raíz de esa lucha muchos individuos se dedicaron a usar sus dones creativos y así levantar un movimiento cultural que ayudó y motivó al pueblo a unirse a aquella lucha y subsecuentemente seguir con la esperanza de poder salir adelante ante tantas adversidades.

Es difícil no poder reconocer que la revolución nos dio una gran cantidad de artistas musicales, pintores, escritores y poetas que llegaron a aportar su grano de arena hacia la creación de memoria que todavía perdura con el pasar del tiempo y las generaciones. No podemos negar que mucho de lo que sabemos sobre nuestra historia se lo debemos a los aportes de aquellas canciones, libros y obras de arte que describen tiempos pasados —tiempos que hoy quisiéramos dejar atrás de una vez—.

Ahora existe una nueva memoria que muchos deseamos jamás se pierda. Nicaragua está viviendo un nuevo capítulo—una nueva historia de lucha y pérdida… de esperanza y sangre. Y a pesar de que este momento en nuestra historia aún no ha terminado de ser escrito, estamos en un momento crucial donde —al igual que aquella época revolucionaria y cultural— el movimiento Azul y Blanco necesita que los/las artistas sigan luchando desde sus respectivas trincheras y así seguir escribiendo, grabando y pintando en honor a los caídos y los que todavía se encuentran de pie, denunciando las injusticias del gobierno y los males de la oposición. Se necesita de los y las artistas para que cuenten las historias, los momentos y las tragedias vividas desde aquel abril.

Es importante que la nueva generación musical siga cantando. Por lo tanto, te necesitamos más que nunca Jandir, y Ceshia… también ustedes Erick Nicoya y J. Nova. No importa el tipo —la música no conoce fronteras— en cuanto a las canciones de esta nueva etapa histórica, la actual generación ya no espera música de un solo género. Se requiere que los cantautores mantengan el pie sobre el acelerador y graben. Queremos oír esas voces gritando, esas letras que motivan y entristezcan. Necesitamos de ustedes Garcín, y de ustedes Monroy y Sumernage. Deseamos escuchar a todos los que tengan ese don de poder cantar y tocar instrumentos—de ponerle melodía a nuestras voces para que en un futuro no muy lejano esas canciones sean los nuevos aportes a la historia nicaragüense.

Lo mismo se puede decir sobre los escritores y poetas que aún no han relatado las experiencias vividas. Es prudente poner pensamiento sobre papel —o teclado— y crear obras que cuenten las atrocidades, injusticias y la lucha continua de una población que, a pesar de los tranques impuestos por esta dictadura, no pierde la fe de respirar aires de libertad.

He tenido el gusto de leer las palabras de Arquímedes González, Carlos Alemán Rivas, Francisco Larios y el expreso político Róger Martínez; individuos que han publicado libros de relatos o poemas sobre lo sucedido a raíz de abril.

He leído a jóvenes que han publicado pequeños aportes en revistas o por las redes sociales y hasta yo mismo he dado de mi tiempo para crear dos obras que tratan de dar un espacio y una voz a quienes —sin pensarlo— sacrificaron su bienestar, familia, futuro, libertad y hasta su vida para una causa justa. Pero faltan quienes tengan esa habilidad de redactar… falta que publiquen sus aportes hacia la memoria.

También aquellos que alzan su voz a través del arte visual —la pintura y arte gráfico— tienen una obligación de no dejar de transmitir esas imágenes únicas y burlescas que sirven como reclamo y protesta y que nos ayudan a todos los activistas digitales a publicar bajo #sosnicaragua.

No sé cuántas veces he tomado el arte de Cako, Juan.R.Mon o Fernanda Navas para acompañar mis palabras de rechazo o burla hacia el régimen. Esas imágenes son necesarias para así seguir plasmando nuestra posición por las redes, pero también son otra forma de ver la lucha de una forma visual.

No hace mucho, un amigo que llegué a conocer para así escribir sobre él me dijo algo que quedó grabado en mi mente. Me dijo que en cuanto a todo lo que ha sucedido —y que sigue sucediendo— en Nicaragua, si no se cuenta o escribe… podría quedar en el olvido.

Esas palabras han sido un recordatorio constante para mí. También es lo que las Madres de Abril piden a diario: que la memoria histórica sea construida para que nunca se pierda en el futuro. Tenemos el presente para seguir creando esa memoria histórica; los que tenemos la habilidad de hacerlo también tenemos el reto de seguir aportando —sin olvidar cuál es la ruta— y así ver el día cuando la justicia sea algo digno de cantar, escribir o pintar.

El autor es escritor. Autor de Entre rebelión y dictadura y Entre lucha y esperanza.
https://nestorcedenoautor.wordpress.com/libro

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