El FMI otorgó finalmente a Nicaragua el viernes pasado un apoyo financiero concesional de US$185 millones (50 por ciento de nuestra cuota) para ayudar a cubrir los gastos sociales derivados del Covid-19. Las cuotas son las contribuciones de los países al capital del FMI, y determinan su poder de votación y acceso a préstamos. Los países aportan el 25 por ciento en monedas internacionales y el resto en moneda local.
El apoyo se dio bajo dos instrumentos creados para hacer frente a las “necesidades urgentes que surgen a raíz de desastres naturales (pandemias, terremotos y huracanes)”: la Facilidad de Crédito Rápido y el Instrumento Financiero Rápido.
El apoyo financiero del FMI es bienvenido y necesario y no debe politizarse ni por uno ni otro bando, ya que, si es utilizado eficazmente, “fortalecerá el sistema de salud, apoyará a la población más afectada por la pandemia” y aliviará la pobreza.
Pero sí, vale reflexionar sobre algunos aspectos que reflejan lo que yo llamaría el “dilema del FMI” en Nicaragua. Por un lado, su mandato de apoyar a países afectados por la pandemia, y por el otro, el peligro de financiar a un gobierno sin transparencia, autoritario y represivo.
Esto posiblemente explica por qué el apoyo a Nicaragua por la pandemia se dio hasta hace poco, mientras que en los otros 20 países de América Latina y el Caribe que lo han recibido se otorgó entre abril y junio. Supongo que hubo una larga negociación, con el FMI requiriendo transparencia y otros compromisos y el Gobierno resistiéndose.
Supongo también que las negociaciones se destrabaron desde que comenzó a publicar información económica más oportuna luego de una larga oscuridad.
Además de los tiempos, hay otros factores que resaltan el “dilema” del FMI. En nuestro patio, el apoyo a Costa Rica, El Salvador y Guatemala (CR/ELS/GUA) alcanzó el 100 por ciento de sus cuotas mientras que el nuestro fue de solo 50 por ciento (en Honduras se ampliaron líneas de crédito existentes).
Esto es sorprendente ya que somos el país con la mayor dificultad económica (un desplome de la economía de 14 por ciento en tres años) y pobreza de la región. Una posible explicación es que refleja la tensión que podría haber experimentado el FMI entre auxiliar al país y su desconfianza del gobierno.
Finalmente, aunque el acceso a estos recursos no tiene la condicionalidad normal del FMI, sí requiere buenas políticas económicas y gobernanza. Por lo que CR/ELS/GUA se comprometieron al buen uso de fondos, transparencia y auditorías. Pero en nuestro caso los “compromisos” fueron mucho más allá. El FMI exigió acciones previas de mayor transparencia fiscal (ver Carta de Intención). El Gobierno “solicitó” la asistencia de la Oficina para Proyectos de la Naciones Unidas (UNOPS) “para la ejecución del gasto médico” y del Programa Mundial de Alimentos (PMA) para “garantizar un suministro alimentario adecuado”. Más importante, se comprometió a “transferir la mitad del préstamo a ambos organismos”.
Como dije, el apoyo del FMI es bienvenido y no lo deben politizar ni moros ni cristianos. Asimismo, si la intervención de la UNOPS y del PMA es para bien, tanto mejor. Pero es indudable que la falta de transparencia, arbitrariedad y represión del gobierno tienen altos costos económicos y de imagen.
Retrasó el apoyo del FMI por lo menos seis meses y resultó en menor financiamiento en términos de cuota que en CR/ ELS/ y GUA.
También la cuasi “condicionalidad” que le (im)pusieron a Nicaragua, aunque necesaria bajo las circunstancias, nos califica tristemente como un país menos confiable.
Este artículo solo refleja mi opinión. No he tenido ningún contacto ni con el FMI, ni con el GON.
El autor es bachiller del Colegio Centro América.