La desgracia principal

Con estas desgracias que está viviendo Nicaragua en este año, con 2 huracanes categoría 5 en menos de 2 semanas y la pandemia que inició sus estragos en marzo, ha quedado al desnudo la desgracia principal que padece Nicaragua: la dictadura de Ortega y su incapacidad de gobernar y gestionar soluciones a las crisis y problemas del país.

Es notorio que la sociedad civil de Nicaragua, sus organismos, sus científicos, sus asociaciones, tienen mucha más capacidad, información técnica, responsabilidad y propuestas de solución para las distintas crisis humanas que hemos pasado, que un régimen de incapaces donde el mérito para autollamarse gobierno es el servilismo, el sometimiento ideológico y la obediencia ciega al dictador y su esposa, que además no dominan las materias de las crisis que vivimos y sus soluciones.

En los huracanes de mucha distancia se ven las diferencias de orientaciones entre los técnicos independientes y asociaciones de la sociedad civil y científica, incluyendo la Iglesia, y los organismos oficialistas, que a duras penas cumplen con sus mínimos deberes con la población. Oír por ejemplo, a meteorólogos de asociaciones independientes y oír a los oficialistas, se nota la diferencia, y sobre todo la credibilidad.

En la pandemia, si no ha sido por las asociaciones médicas que hasta llamaron a la cuarentena e hicieron recomendaciones, como lo hizo la Iglesia también, y la sociedad civil con sus estadísticas creíbles más que las del gobierno, los estragos de la pandemia hubiesen sido espantosos.

Lo único que hace esta dictadura es imponer, reprimir, crear leyes draconianas y castigar al que no piensa como ellos, y algo más grave: prohíbe y boicotea a los que quieren colaborar para aliviar el sufrimiento o necesidades en las crisis de los ciudadanos.

En la pandemia recordemos cómo la dictadura prohibió a monseñor Álvarez un centro de atención médica y orientaciones para protegerse de la pandemia; recordemos que al inicio, para ellos, inclusive andar una mascarilla era ser “golpista”.

Y con los huracanes, prohibieron y boicotearon a la sociedad civil y sus asociaciones médicas para canalizar ayuda en medicinas, ropa y comida a los hermanos del Caribe Norte, fuertemente castigados por los huracanes.

Pero el pueblo, la sociedad civil y gremios independientes han sabido evadir el boicot dictatorial y han hecho llegar su aporte y solidaridad a los sectores golpeados por las crisis humanas que estamos viviendo.

En pocas palabras, hay suficiente capacidad humana instalada en la sociedad civil y los sectores independientes, para pensar que Nicaragua tiene un futuro promisorio, muy distinto al presente que nos está obligando a vivir esta nefasta dictadura Ortega-Murillo.

El autor es dirigente socialcristiano miembro de la Alianza Cívica

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