De la mentira bonita a la fea realidad

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Mentira bonita

Si por el video fuera, Nicaragua tiene el mejor gobierno del mundo para protegerla de los huracanes que la azotan. Es el vivir bonito. Camiones embanderillados saliendo en concierto de pitazos y luces encendidas. Atrás, furgones/clínicas móviles con gigantescos rostros del comandante y la compañera para que a nadie le quede duda de dónde llega tanta magnanimidad. El pueblo espontáneamente alineado en las calles, agitando más banderas rojinegras. ¡Sonrían, jodido! ¡Más banderas por favor! Saluden cuando pasen frente a la cámara. ¡No olviden sonreír! Como firma final, el comandante bajo el torrencial aguacero, con puño en alto y rostro decidido. Y la banda sonora: “Adelante comandante, vamos a vencer lo sabes…”

Fea realidad

Todo muy bonito, de no ser porque, a cientos de kilómetros de ahí, miles de nicaragüenses veían desaparecer sus casas y pertenencias en medio del azote de los dos últimos huracanes, y otros morían soterrados por las avalanchas de lodo y piedra sin que autoridad alguna los socorriera. Y, a unas cuadras de donde salió la caravana, el comandante de las mil batallas, el de la foto de archivo fotoshopeada, estaba apoltronado en un sofá, ajeno a todo, en pijamas, viendo películas o series. ¡Rosario! ¿Sabés cuando ponen la nueva temporada de El señor de los cielos?

Cáncer

En desgracias como esta es donde uno se da cuenta que las perrerías políticas que martirizan a Nicaragua desde hace 200 años son un cáncer que inunda todo, y que van más allá de las elecciones e, incluso, de la corrupción, los abusos y la represión. Invade todo, como una metástasis generalizada. Hasta la solidaridad. Y la compasión.

Equipo

Catástrofes así deberían verse con ánimo de nación. Todos para uno y uno para todos. Sin mezquindades u oportunismos políticos. Yo quisiera poder decir, a pesar de las diferencias que pueda tener con un gobierno, esta es la hora de echarla todos juntos. Pero con este gobierno, y con esta cultura política, que también hay mucho de esto por el otro lado, no se puede hacer equipo por mucho que sea necesario. Es que el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo es la negación completa de lo que significa “gobierno”.

Así, ¿cómo?

¿Cómo hacer equipo al menos en esto con un régimen que está más preocupado por embanderillar con su partido las donaciones que otros envían? ¿Cómo hacerlo con los mismos que expulsan a los periodistas que no controlan en el intento de establecer una verdad bonita, como la del video, por sobre la dura realidad que los otros podríamos contar? ¿Cómo hacerlo con un gobierno que miente todos los días sin empacho, y que, a duras penas, aceptó algunas muertes, cuando ya fue inevitable, a desmedro del guion —porque en ellos todo es una puesta en escena— donde se establecía que gracias al comandante y la compañera no hubo muertos en Nicaragua? No, así no se puede.

Solidaridad

Si este fuera un gobierno, un gobierno normal digo, hubiese llamado a todos para apoyar a los hermanos que lo necesitan. Estimular la solidaridad. Pero no. Más bien se ha dedicado a perseguir a los buenos samaritanos. Ellos no persiguen la solidaridad de los otros para evitar que la tragedia se politice, sino porque temen que otros hagan lo mismo que hacen ellos: aprovecharse de la crisis. Y sienten que ese es su derecho exclusivo.

Traje del emperador

Al final del día, tenemos un régimen que además de negligente, represor y sectario, confía demasiado en su capacidad de imponer su “realidad virtual” por sobre la real. Así es que vemos al “pueblo entusiasmado” saludando “espontáneamente” a las caravanas con ayuda partidaria y al comandante bajo lluvia salvado a nuestros hermanos. Es engañarse solos. Es como el cuento aquel de traje del emperador. Por mucho que ellos crean que van elegantes por la vida, todo el mundo los ve en bolas, con sus vergüenzas al aire. Si sus cortesanos callan por prudencia, ahora sobran niños que gritan: ¡Va desnudo, el emperador va desnudo! Porque videos como ese, de tan falsa manufactura, consiguen exactamente lo contrario a lo que se proponen. Lejos de verlos como los salvadores de la patria, ponen en evidencia su mezquindad y oportunismo.

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