El viernes 13 de noviembre LA PRENSA informó en detalle sobre las donaciones que ha recibido Nicaragua, ante la emergencia ocasionada por el huracán Eta, de categoría 4, que impactó en el Caribe Norte hace dos semanas.
Emergencia que será mayor por los estragos que cause el huracán Iota, de categoría 5, que ha impactado apenas dos semanas después en la misma región del Caribe Norte.
La información de LA PRENSA del 13 de noviembre reveló lo irrisorio que ha sido el apoyo internacional recibido ahora por Nicaragua, en comparación con la ayuda captada en 2007, cuando el huracán Félix impactó también en la Costa Caribe Norte donde habitan fundamentalmente nuestros hermanos mískitos y mayangnas.
El grito de auxilio de la vicepresidenta designada por el Consejo Supremo Electoral, Rosario Murillo, cuando ya el Eta avanzaba con su fuerza destructiva sobre el Caribe Norte, fue escuchado con desánimo a nivel internacional. Lo cual es lamentable, porque las posibilidades de recuperación de las comunidades indígenas se han reducido enormemente. Pero por otro lado refleja la desconfianza, la condena y el aislamiento del Gobierno Ortega-Murillo.
Según el Sinapred, la valoración de los daños causados por el Eta asciende a 175 millones de dólares (6,128 millones, 400 mil córdobas). Hasta ahora el Gobierno ha recibido promesas por cerca de 1 millón 640 mil dólares, provenientes de Alemania (500 mil en alimentos a través del PMA), EE.UU. (100 mil en alimentos, igualmente distribuidos por el PMA), España (175 mil en especie), Unión Europea (350 mil para salud, higiene, agua y protección que implementarán organizaciones de su confianza), BCIE, BID y BM (500 mil para Centroamérica), Suiza (550 mil para Centroamérica), Taiwán (200 mil). En total, menos del 1 por ciento de la cifra de estragos proporcionada por el Gobierno.
En contraste, el 14 de septiembre de 2007 el Sistema de las Naciones Unidas presentó en Ginebra el llamado internacional por la emergencia del huracán Félix (Flash Appeal en inglés), solicitando 22 millones 800 mil dólares para salvamento, seguridad alimentaria, salud y nutrición, agua y saneamiento, fortalecimiento de refugios, educación y protección de la niñez, reparación de caminos, telecomunicaciones y recuperación de bienes de vida. En la misma sesión obtuvo compromisos de cooperación humanitaria por más de 17 millones de dólares y tres meses después, antes de la Navidad, logró la meta. Era el primer año del gobierno de Ortega, existía la Mesa de Cooperantes, integrada por España, Francia, Reino Unido, Finlandia, Dinamarca, Suecia, Holanda, Noruega, Austria, Estados Unidos, Alemania, Suiza, Japón, las agencias de las Naciones Unidas y más de 50 organizaciones gubernamentales y no gubernamentales de la cooperación técnica internacional.
Trece años después, queda poco o casi nada de aquella gama de iniciativas que tanto apoyaron al pueblo de Nicaragua en su lucha contra la pobreza. Algunos fueron salvajemente expulsados, como el PNUD, otros se retiraron de Nicaragua en rechazo a una política lesiva en contra de la cooperación internacional. Es verdaderamente deplorable la situación de pobreza extrema, escasez, pérdida de cosechas y medios de vida, animales de corral, falta de techo y hambre por la que están pasando nuestros hermanos de la Costa Caribe Norte, por culpa de una dictadura, ciega, sorda y sin credibilidad internacional para atender las necesidades básicas ante las catástrofes naturales.