Después de la sanción simbólica, pero de una poderosa significación política, que el Departamento de Estado de Estados Unidos (EE. UU.) impuso al expresidente Arnoldo Alemán, su esposa y dos de sus hijos, se dijo en diversos medios de comunicación que el Partido Liberal Constitucionalista (PLC) había cerrado filas alrededor de su caudillo.
Pero no es cierto. Lo que hubo fue una declaración personal y una conferencia de prensa de la esposa del expresidente Alemán, quien es diputada, ocupa una alta y determinante posición en la dirigencia del PLC y es una de las personas sancionadas por EE.UU.
El sector disidente del PLC encabezado por la diputada María Haydée Osuna, presidenta en disputa de dicho partido y reconocida como su representante legal por el Consejo Supremo Electoral (CSE) de la dictadura, se desmarcó del sancionado caudillo y presidente de honor de la cuestionada organización liberal. “En relación a la sanción impuesta a Arnoldo Alemán y María Fernanda Flores por violación grave a los derechos humanos y participación directa e indirecta en actos de corrupción significativa, sus consecuencias solo afectan a los sancionados y su cúpula, por lo tanto consideramos que ellos deberán responder por sus actos”, declaró mediante un comunicado la señora Osuna.
Por su parte, el también diputado Miguel Rosales quien es el otro presidente en disputa del PLC, dio a conocer el 13 de noviembre una declaración en la cual pide al caudillo Alemán separarse voluntariamente, “para garantizar el fortalecimiento de la democracia interna y la renovación del liderazgo dentro del PLC”, y para “cerrar un ciclo histórico del liberalismo” e iniciar uno nuevo. Además Rosales pide a Osuna retirar la litis que tiene planteada ante el CSE por la presidencia del PLC, y aceptar la realización de una convención nacional unitaria del partido en la cual se elijan uno por uno los nuevos dirigentes, y no por plancha y dedazo del caudillo como se ha acostumbrado hasta ahora.
De manera que no es cierto que el PLC ha cerrado filas con el caudillo liberal. Es lo contrario. Y como dijimos en el editorial de LA PRENSA del martes 10 de noviembre, la sanción de EE.UU. a Arnoldo Alemán y los suyos le ofrece al PLC una gran oportunidad para sacudirse el caudillismo. El mismo Alemán debería aprovecharla dando dignamente un paso al costado, y Rosales y Osuna haciendo lo suyo para renovar democráticamente el liderazgo del partido y tratar de recuperar la confianza de sus simpatizantes.
El caudillismo es una aberración que le ha causado un grave daño a la nación. Como explica Rodrigo Borja, el caudillismo es un rezago del pasado, “es parte del subdesarrollo político de un pueblo, o, en ocasiones, puede ser el síntoma de una grave patología social de pueblos políticamente subdesarrollados, como ocurrió con los caudillismos nazifascistas de Alemania e Italia en las tempranas décadas del siglo XX… El eclipse de los caudillismos es, por consiguiente, un índice del progreso político de las sociedades, que tienden, cada vez con mayor definición, a regir sus destinos bajo el poder impersonal de las doctrinas y de las leyes”. Se entiende que el dictador Ortega y su partido de corte naziestalinista, el FSLN, sigan aferrados a esa aberración política histórica. Pero en un partido que dice sustentar los principios de la libertad y la democracia, y luchar contra la dictadura caudillista de Ortega, como es el PLC, no puede ser aceptable y mucho menos tener justificación.