La culpabilidad o inocencia de Arnoldo Alemán

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Arnoldo Alemán

Lo mejor que se puede decir de Arnoldo Alemán es que nunca tuvo un juicio justo. No, no estoy alegando su inocencia, lo que digo es que no hubo tribunal alguno que pudiera establecer su culpabilidad, o inocencia si fuera el caso, porque desde muy temprano Daniel Ortega se montó sobre su causa para sacar todo el provecho político posible. Vició el proceso. Lo pervirtió. Y este sería el gran precedente de lo que ahora es el poder judicial, cuyas sentencias están determinadas por las conveniencias del “comandante y la compañera”, sin importar las pruebas, las leyes o que el procesado sea culpable o inocente.

Chantaje

Ahora, alegar que Arnoldo Alemán es inocente porque un tribunal bajo el control de Daniel Ortega así lo determinó es una soberana tontería. La inocencia de Alemán la determinó su decisión de colaborar con Daniel Ortega. Si el caudillo liberal se hubiese rebelado al chantaje político al que fue sometido, posiblemente estaría preso todavía. E, igualmente, no se podría alegar su culpabilidad por una sentencia así.  Es que, insisto, la justicia desaparece, en un sentido o en el otro, cuando los tribunales se convierten en trincheras para el sicariato político. Esa es una de las mayores desgracias que trajo Daniel Ortega a Nicaragua.

Dando y dando

Arnoldo Alemán fue declarado inocente por la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia el viernes 16 de enero del 2009, en una jugada política de “dando y dando” pactada entre Alemán y Ortega. En el mismo minuto —segundos más, segundos menos— que la Corte leía la sentencia de absolución, en la Asamblea Nacional se relegía al sandinista René Núñez como presidente del parlamento, apoyado con los votos liberales, violentando un acuerdo de alternabilidad que ellos mismos habían suscrito en 2007. Sin los votos liberales, el Frente Sandinista no hubiese mantenido la presidencia, que fue la llave de todo lo que vino después.

Jugada política

Esto no es interpretación. El mismo Alemán reconoció la jugada política en una entrevista publicada en mi libro El Preso 198. “Nunca me iba a soltar el Frente Sandinista. Si no ha sido la inteligencia de aprovechar una crisis y pedirle a tres amigos que no hicieran quórum, hizo que el Frente Sandinista me diera un sobreseimiento que jamás habían pensado hacer”, dijo. Cuando le pregunté si la desconfianza había hecho que el “dando y dando” fuese simultáneo, solo me contestó en carcajadas: “¡Ahhh brujo! ¡Vos sos brujo!”

Tira y encoje

Antes de ser absuelto, Alemán estuvo sometido a los caprichos de Ortega. Me van a perdonar que cite otra vez uno de mis libros, pero en Secretos de Confesión explico este “tira y encoge”: “Con esta condena (la de Alemán) iniciaría uno de los regímenes carcelarios más raros que se hayan visto en la historia de Nicaragua, determinado por el Frente Sandinista, que aflojaba o socaba la cuerda en el cuello de Alemán de acuerdo a sus conveniencias. Cuando las negociaciones estaban en punto bajo o el partido que lidera Alemán se resistía a alguna exigencia del Frente Sandinista, el sistema carcelario se recrudecía y, al contrario, cuando los liberales cedían, Alemán obtenía privilegios que ningún otro reo obtuvo nunca”.

Rehén

Ortega jugó con Alemán como un gato juega con un ratón. “Así, la noche del 19 de marzo de 2004 Alemán fue sacado de su casa hacienda El Chile, donde cumplía su condena, para ser enviado a la cárcel Modelo en un despliegue inusitado de fuerzas policiales y medios de comunicación. Luego regresó a su casa, después pasó cinco meses en un hospital por una operación en el dedo, más tarde se le otorgó ciudad por cárcel, y después “país por cárcel”. Cada decisión sobre el régimen carcelario tuvo que ver siempre con alguna estrategia política del Frente Sandinista”, digo en el libro mencionado.

Lección

El tema Alemán no es un hecho trivial en Nicaragua. Ni cosa pasada. Sigue vigente. ¿Fue un preso político? Más bien rehén político, porque la justicia lo juzgó (¡y lo libró!) por sus acciones políticas y no por los delitos que se le achacaban. ¿Eso lo hace inocente? No. Mucho del secuestro que vive Nicaragua es consecuencia de la colaboración, ya sea por complicidad o sometimiento, que proporcionó a Daniel Ortega, vía pactos y chantajes. ¿Qué hubiese pasado en Nicaragua si Arnoldo Alemán se hubiera resistido? Es bien difícil juzgar a otro sin estar en su pellejo, pero la lección vino años más tarde. En 2018, unos 700 presos políticos fueron sometidos a procesos tan, o más, viciados como el que sufrió Arnoldo Alemán. Ni uno solo de esos presos políticos se sometió al chantaje de Ortega. Nadie desertó y apareció colaborando con el régimen. Ni uno solo.

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