La reforma electoral que prepara Ortega

El régimen de Daniel Ortega es una dictadura electoralista, como lo clasifica Carlos Sánchez Berzaín, y por lo tanto no puede dejar de hacer elecciones aunque sean fraudulentas y falsas.

Sánchez Berzaín, politólogo boliviano, director del Instituto Interamericano para la Democracia y autor de varios libros sobre política y democracia en América Latina, define la dictadura electoralista como “el régimen que por la fuerza o violencia concentra todo el poder político en una persona o en un grupo, que reprime los derechos humanos y las libertades fundamentales y utiliza las elecciones como medio de simulación y propaganda para mantenerse indefinidamente en el poder. (Un) sistema autoritario, tiránico o totalitario con elecciones”. Es decir, es un régimen como el de Daniel Ortega.

Cuando se desató la pandemia del Covid-19 algunos analistas y dirigentes políticos de Nicaragua especularon que Ortega podría aprovecharla para suspender las elecciones generales de noviembre de 2021. Suponían que de esa manera el dictador nicaragüense trataría de ganar tiempo y dar largas a las reformas electorales, las que le exige la comunidad democrática internacional por medio de presiones diplomáticas y políticas, incluyendo sanciones a figuras prominentes de la dictadura entre ellas la misma esposa y vicepresidenta de Ortega, señora Rosario Murillo.

Nosotros no estuvimos de acuerdo con aquella suposición. Pensamos que para Ortega las elecciones son indispensables, no porque crea en la voluntad popular como fuente democrática de la legitimidad del poder, sino para aparentar legalidad y seguir medrando en la comunidad internacional, particularmente en las fuentes de financiamiento externo que para él son indispensables.

También dijimos que Ortega hará reformas electorales antes de los comicios de noviembre de 2021, pero no las de fondo y sustantivas que le demandan la oposición interna y la comunidad democrática hemisférica y europea. Las reformas que haría —y hará— el dictador de Nicaragua serán las técnicas a las que se comprometió, sin entrar en detalles, con la Secretaría General de la OEA en un Memorándum de Entendimiento acordado a principios de 2017, el cual se venció en febrero de este año porque Ortega no lo cumplió ni lo quiso prorrogar.

Ahora bien, que se haya vencido el Memorándum de Entendimiento con la OEA no significaba que Ortega dejaría de hacer las reformas electorales de su conveniencia. Sin embargo, dijimos que no las haría y ni siquiera las anunciaría antes de las elecciones en Estados Unidos (EE.UU.), cuyos resultados son de importancia estratégica para sus planes de perpetuarse en el poder mediante falsas elecciones y la reelección presidencial continua.

De manera que ahora que han transcurrido las elecciones estadounidenses, cuyos resultados con la victoria del Partido Demócrata y de Joe Biden como presidente serían favorables a Ortega, según sus propias consideraciones, se espera que en breve procederá a hacer su reforma electoral.

Al respecto la revista en línea Confidencial ha informado que según fuentes ligadas al partido de Ortega este ha creado “un grupo de trabajo para diseñar un proyecto de reformas a la Ley Electoral, enfocado estrictamente en aspectos de orden técnico”. El proyecto sería presentado en un plazo de tres semanas, agrega la información, y “debe centrarse en aspectos técnicos de la Ley, como el padrón electoral y la composición de las juntas receptoras de votos”.

Es comprensible. Eso es lo que cabe esperar de una dictadura electoralista como la de Daniel Ortega.

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