Ha transcurrido casi una semana desde que el huracán Eta — categoría 4 — impactó la Costa Caribe Norte de Nicaragua. En las comunidades Wawa Bar y Karata, ubicadas en el litoral sur de la ciudad de Bilwi el panorama todavía es desolador. La marea bajó, pero dejó a su paso devastación. Aunque no hay vidas humanas que lamentar, las familias padecen la pérdida de sus casas, sus pertenencias y animales. La mayoría de los pobladores de Wawa Bar y Karata aún están hacinados en albergues, donde claman por agua y comida, además de asistencia médica.
Algunos han empezado un retorno gradual para «pescar» entre lo que queda algo que pueda ayudarlos a reconstruir, ropa para poner a secar y abrigarse o alimentos que hayan quedado en los árboles caídos. Este es el panorama de la zona.
Sin alimentos: Cuando los pobladores ven a personas desconocidas visitando el lugar, aprovechan para pedirles que avisen que están sin agua y sin comida.

Wawa Bar está casi deshabitada. La mayoría de las familias siguen en albergues.

Sin habitantes: Los que han regresado a Wawa Bar, en su mayoría, son hombres que llegan a ver las condiciones de sus casas.

En la comunidad Karata el golpe fue menor, comparado a Wawa Bar, pero el clamor es el mismo. Piden ayuda de alimentos porque el huracán dañó sus cosechas.

Afectaciones: Las casas de madera fueron las más afectadas, aunque algunas quedaron en pie, los fuertes vientos se llevaron los zinc.

En Wawa Bar ninguna de las viviendas de madera aguantó los fuertes vientos provocados por el huracán Eta.

En la comunidad de Wawa Bar no solo se vieron viviendas destruidas, familias sin agua y alimentos clamando por ayuda. Los habitantes de la zona crearon un cementerio improvisado para animales, pues Eta arrasó con loros y otras especies como vacas y cerdos que se lograron apreciar tirados en las calles.


Volvieron a "pescar" las pocas pertenencias que Eta les dejó y a ponerlas al sol que empieza a salir en la costa.
El barco que navegó en Wawa Bar. El martes la furia de Eta empujó las olas hacia la comunidad, Wawa Bar se convirtió en una extensión del mar.
El mar se ha replegado a su nivel normal, pero dejó anegaciones que poco a poco se van drenando y dejando al descubierto más destrozos.
En las áreas donde el terreno lo permite, pobladoras han regresado a rescatar lo que queda.
El techo de la iglesia voló, como volaron techos, paredes y bases del resto de viviendas de esta comunidad.
En redes circuló un video donde se aprecia el justo momento en el que los vientos huracanados de Eta azotan Wawa Bar y arrancan este árbol, frente a la iglesia Morava.
La mayoría de las mujeres y niños aún se encuentran en los albergues de Bilwi esperando que el retorno a su comunidad sea más seguro.
A falta de agua potable, con el los pozos y ríos revueltos, el coco es fuente de hidratación y alimento en la zona.