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El optimismo y las cifras que las autoridades del Banco Central de Nicaragua exhibieron a mediados de octubre sobre el rumbo de la economía no logran convencer en el exterior. The Economist Intelligence Unit (EIU) —fuente de información para inversionistas en el mundo— asegura que persiste la amenaza de que la economía nicaragüense caiga en profunda depresión, que sería la peor desde la década de 1980, empujada esta vez por el impacto del coronavirus y la falta de salida a la crisis sociopolítica.
El 15 de octubre el presidente del Banco Central de Nicaragua (BCN), Ovidio Reyes, repitió 13 veces que la economía del país estaba en vía de recuperación, pero el 27 de este mes, The Economist Intelligence Unit, en la actualización de su balance sobre el país, mantuvo que el contexto no sigue favoreciendo a Nicaragua y que las preocupaciones en el entorno político se han exacerbado por las polémicas leyes relacionadas con la Ley de Agentes Extranjeros y la de Ciberdelitos.
La crisis política es el principal detonante de la recesión económica, que este año sumará su tercer año y que se ha agravado por la pandemia. “Las perspectivas económicas de Nicaragua en 2021-25 se verán empañadas por la preocupación de los inversores y la falta de confianza en el Estado de Derecho. Una recesión que comenzó en 2018 y se profundizará significativamente debido al brote de coronavirus. Estimamos que el PIB real se contraerá significativamente, un siete por ciento en 2020. Además, las perspectivas de recuperación a corto plazo son sombrías”, y señala que el régimen cada vez tendrá margen para impulsar reformas económicas, incluida en la Seguridad Social, para elevar los ingresos.
El siete por ciento de contracción económica de EIU contrasta con la caída de 4.5 por ciento estimada por el BCN en una reciente actualización de las perspectivas 2020.
Es más, The Economist Intelligence Unit indica que para el 2021 la economía local tampoco crecerá y se contraerá 1.2 por ciento, para completar cuatro años de contracción, lo que ha golpeado duramente el empleo y aumentado la pobreza, principalmente.
Los especialistas fundamentan su pesimismo en tres factores. El primero es que pese a que aparentemente la tasa de propagación del virus se ha estabilizado, para el 2021 hay amenaza de que se desate una segunda oleada, “empañando las perspectivas para la mayoría de las actividades de servicios”.

En segundo lugar, debido a que el crecimiento económico seguirá frenado por falta de apoyo fiscal. Esto provocará que los empleos destruidos por la pandemia y el cierre de empresas se recuperen rápidamente, una probabilidad que es mayor en otros países de la región cuyos gobiernos han apoyado en ese campo.
Inestabilidad política mina economía
Y un tercer elemento, que a criterio de la prestigiosa unidad de análisis británica, también opaca la posibilidad de una rápida recuperación, es el aumento de la inestabilidad política, principalmente en el 2021, así como del malestar social a medida que se acerquen las elecciones en noviembre del próximo año.
Esos riesgos políticos pesarán “en la confianza de los consumidores y las empresas, al tiempo que aumentará el riesgo” de nuevas fugas de dinero de los bancos de Nicaragua, como el que se observó en el 2018 y parte del 2019.
“Suponiendo que cualquier inestabilidad relacionada con las elecciones sea de corta duración, esperamos que una recuperación se materialice en 2022, con un crecimiento del PIB del 3.2 por ciento en ese año”, indica.
Esto contrasta con el optimismo del régimen, que espera para el próximo año transitar del terreno negativo al positivo con una tasa de 0.5 por ciento de expansión económica.
Para The Economist Intelligence Unit la economía entre 2024 y 2025 crecerá a un ritmo promedio de apenas 1.5 por ciento, pero el Banco Central en el Programa Económico y Financiero 2020-2023 espera que el PIB promedie el 2.5 por ciento entre 2022 y 2024.
“Nuestras perspectivas a medio plazo se ven empañadas por la ausencia de una solución al conflicto político de Nicaragua, que mantendrá el sentimiento empresarial moderado por el futuro previsible”, señalan los analistas británicos.
El orteguismo no se irá
The Economist Intelligence Unit dibuja ese panorama sombrío en un contexto donde Ortega o el mismo Frente Sandinista se mantienen en el poder tras las elecciones del 2021, que se realizarían sin garantías.
“Dada la probable falta de una solución negociada al conflicto político en curso, esperamos que el Sr. Ortega (o un candidato de su elección) permanezca en el poder en el período de pronóstico 2021-25”, señala.
Pero Ortega o el mismo FSLN no se quedará por la voluntad popular, sino por su autoritarismo y férreo control de todos los poderes del Estado, que es lo que hasta ahora le ha asegurado su permanencia en el poder. The Economist Intelligence Unit no cree que el orteguismo quiera entregar el Gobierno.
“A pesar de que Ortega puede hacer modestas concesiones a la reforma electoral en un intento de legitimar a nivel internacional las próximas elecciones, es probable que sean superficiales, ya que el FSLN mantendría el control sobre el Consejo Supremo Electoral, el poder judicial y otras instituciones importantes”, indica.
En ese contexto, el régimen, no obstante, requerirá financiamiento, dinero fresco, para formular sus políticas económicas y es ahí donde se topará con una economía debilitada e incapaz de producir más riqueza para cubrir las crecientes necesidades en el gasto público.
Vienen reformas al INSS
El apoyo financiero que recibió en los últimos meses por parte del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) para atender la pandemia no se mantendrá en el tiempo, entonces EIU cree que “el Gobierno se verá obligado a hacer ajustes para consolidar las finanzas públicas. Como tal, esperamos que el Gobierno se embarque en una nueva ronda de reformas de la Seguridad Social en 2022”.
Y es que varias empresas públicas y el propio Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS) con sus crecientes déficits presionarán el Presupuesto General de la República, que tendrá recursos limitados.
“Los intentos del Gobierno de consolidación fiscal se verán frustrados a corto plazo en medio de una fuerte caída económica”, advierte.
En especial preocupan los crecientes problemas financieros del INSS, Enatrel (Empresa de Transmisión de Electricidad), Enel (generación de electricidad) y Enacal. Los déficits tendrán que ser absorbidos por el Gobierno Central.
En el caso del INSS, indica que si bien en el 2022 el Ejecutivo logrará estabilizar las finanzas del instituto, con las nuevas reformas, EIU cree que esta mejora probablemente será temporal, es decir de corta duración.
“Creemos que en ausencia de una resolución de la crisis política y mejoras significativas en el entorno empresarial, el INSS no podrá hacer crecer su base de contribuyentes a un ritmo sostenible”, precisamente por la incertidumbre empresarial y el impacto en la llegada de inversión.
De hecho, el mismo régimen proyecta que para el 2021 el INSS sufrirá un hueco financiero mayor a los ocho mil millones de córdobas, una previsión que se observó antes de que se aplicaran en el 2019 las draconianas reformas a la Seguridad Social.
Más endeudamiento a mayor costo
Ante la imposibilidad de aumentar los ingresos vía impuestos, para EIU el régimen deberá cubrir sus necesidades financieras con más deuda y para ello deberá ofrecerle a los inversores tasas de interés más altas, en el caso del mercado interno de deuda pública.
Un mayor endeudamiento interno con tasas de intereses más altas elevará el servicio de la deuda-costos, indica.
Pero además el régimen deberá echar mano a las reservas que tiene en el Banco Central para cerrar su brecha de financiamiento.
“Nosotros también creemos que recurrirá a la impresión de dinero para cumplir con algunas obligaciones en moneda local”, precisa la EIU, que aclara no obstante que esto no tendrá impacto en la inflación.
El desafío de la oposición
Sobre la oposición en Nicaragua, The Economist Intelligence Unit advierte que el principal desafío es la desunión dentro de sus filas y la ausencia de un líder fuerte. No obstante, aclara que en otro contexto la mala gestión de Daniel Ortega de la crisis sanitaria le daría a la oposición una ventaja significativa en las elecciones en el 2021, pero en las actuales condiciones no hay forma de sacar ventaja al respecto.
“Si la oposición lograra consolidarse y entra en la boleta, es poco probable que compita en elecciones justas”, dice. “No esperamos que los sandinistas acepten ninguna reforma política que les obligaría a ceder su control casi absoluto sobre las instituciones estatales”, advierte.
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