Las comunidades del Territorio Wangki Maya están expuesto a una crisis sanitaria doble, por el Covid-19 e inundaciones, además de la falta de alimentos. LA PRENSA/CORTESÍA/CEJUDHCAN

Aumenta la zozobra en las comunidades indígenas por crecida del Río Coco producto de las lluvias

Sin haberse recuperado de las inundaciones de agosto, temen el efecto devastador de otra anegación por lluvias en el territorio. Crisis alimentaria persiste

«Son las dos de la tarde y parece que aquí ya anocheció, está oscuro, nublado. El sol no ha salido en la última semana. Llueve mucho, el río está creciendo», cuenta Welcome Raymundo, habitante de una de las comunidades indígenas de Waspam Río Coco Abajo, en el Caribe Norte de Nicaragua. Las gotas de agua que caen en el suelo socavan las últimas esperanzas que tenían los comunitarios para recuperarse un poco, después de perder sus principales cultivos por las inundaciones producto de las lluvias de la onda tropical 14 a mediados de agosto.

La zozobra vuelve a tocarles las puertas con la crecida del Río Coco, que se aceleró debido al remanente paso de la tormenta Zeta frente a las costas de esa zona del país, donde desde la semana pasada ocasionó fuertes lluvias que azotaron más los territorios indígenas. No es nuevo ni desconocido que sea una de las zonas más vulnerables a sufrir por estos fenómenos meteorológicos, pero lo que les sorprende, dicen comunitarios, es que ni las autoridades correspondientes, ni el gobierno central hacen algo ante sus llamados de auxilio. No fueron socorridos en las primeras inundaciones y de persistir las lluvias temen quedar nuevamente a la deriva, esa es la preocupación latente.

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«Después de la onda tropical 14, mucha gente perdió su producción de arroz, yuca y musáceas. Esa gente trató de recuperar y cosechar de lo poco que les quedó por el daño de esas inundaciones, pero ahora las lluvias (de cualquier tormenta) lo han complicado porque en estos momentos ellos sin la lluvias y crecida del río pudiesen sembrar de postrera para cosechar por decir, maíz en enero, pero ahora la preocupación es la misma porque nos dicen que no tienen que comer», explicó Juan Carlos Ocampos, del Movimiento Pri Laka.

Se les hace imposible cultivar

Ocampo destacó que todo el impacto de cambio climático y la presencia de plagas a deteriorado la capacidad productiva de los comunitarios. «Además de perder la alimentación pierden el material vegetativo que les permite sembrar para la próxima cosecha, pero ya por perdido ya la gente no tiene como cosechar, es un grave problema que aumenta la crisis alimentaria», indicó.

José Medrano Coleman, defensor del Centro por la Justicia y Derechos Humanos de la Costa Atlántica de Nicaragua (Cejudhcan), afirmó a LA PRENSA que el territorio Wangki Maya conformado por 21 comunidades siempre ha sido el más afectado cuando el Río Coco aumenta su nivel. «Algunas de las personas que tenían su poquito de cosecha con esta crecida del río los ha afectado. Estas inundaciones, lluvias, precipitaciones que han tenido estas semanas se concentran en este río que afecta totalmente a este territorio, en esas comunidades ahorita hay una gran preocupación por las familias vulnerables por la crisis alimentaria que aquí es doble», apuntó.

Las lluvias propician que el nivel del río Coco aumente. LA PRENSA / CORTESÍA
Las lluvias propician que el nivel del río Coco aumente y afecte a los comunitarios. LA PRENSA / CORTESÍA

Coleman agregó que los comunitarios que pudieron conseguir semillas y sembrar, ahora con la crecida del río vuelven a quedar vulnerables debido a que sus pequeñas parcelas y casas podrían inundarse, como ha ocurrido en meses anteriores. «Ellos nos dicen, vivimos al día a día, por el favor de Dios, porque no logran obtener ayuda del Estado, uno con lo que les ayuda no les alcanza para las múltiples necesidades que padecen. Ahí la única persona que puede agarrar un salario son los profesores, todos viven de la agricultura y si no se cosecha nada, pues las familias aguantan hambre», remarcó.

Alimentación es «precaria»

La falta de cosechas eleva la precariedad que de por vida atraviesan los comunitarios. La principal dieta alimenticia de las familia comer arroz, frijoles, maíz, musáceas (guineos, bananas) todo cocido, pero con la pérdida les ha tocado aguantar hambre o reducir a un tiempo de comida, una dieta casi exclusiva de guabul, que es un batido de banano cocido y agua, acompañado de peces o carne cuando logran pescar o cazar.

Las familias de estas comunidades viven en pobreza y sufren los estragos naturales, económicos y sociopolíticos por la invasión de colonos a sus tierras. Raymundo sostiene que su día a día, no ha experimentado ningún cambio positivo. «Nosotros dormimos, nos levantamos en nuestra pobreza. Si salimos de nuestros ranchos es para ir al monte a buscar que cazar o al río para pescar, pero nosotros sobrevivimos de nuestros cultivos, pero si no tenemos nos toca aguantar hambre y priorizar a los niños o ancianos», refirió.

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Coleman, de Cejudhcan, que ha estado monitoreando la realidad de las comunidades a través de líderes comunitarios, sostiene que «la alimentación es precaria», debido a que la dieta se rige por lo que cosechan y lo poco que cazan o pescan. «Sabemos que la situación del río es muy mala porque está contaminado, pero por la necesidad los comunitarios hasta consumen de esa agua y cazan sus pescados, todo por sobrevivir, aunque después les traigan consecuencias», apuntó el defensor y añadió que estás comunidades de la cuenca baja del río Coco son las más empobrecidas.

La principal preocupación que ahora acecha a las familias es «el temor a las inundaciones» porque «sabemos la situación que existe ahí, muchas familias no comen bien, no comen los tres tiempos y ahora que vengan nuevamente esta situación no es nada satisfactorio para las familias que día a día están ahí luchando por llevar el plato a sus hijos. Si hay otra inundación sería lo peor que le pueda pasar a las comunidades, sería devastador para las familias», concluyó el defensor.

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