Las autoridades de Francia y Alemania decretaron este miércoles un nuevo confinamiento tras un aumento de casos de Covid-19 en esos países.
El presidente de Francia, Emmanuel Macron, anunció que el confinamiento iniciará en el país a partir del viernes y hasta al menos el 1 de diciembre.
«El virus circula en Francia a una velocidad que ni siquiera los pronósticos más pesimistas habían previsto», dijo Macron en un discurso retransmitido por televisión.
Los bares, restaurantes y negocios no esenciales cerrarán, pero a diferencia del confinamiento de dos meses impuesto entre marzo y mayo, las escuelas permanecerán abiertas, señaló Macron en un discurso retransmitido por televisión.
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Las fábricas y las explotaciones agrícolas podrán seguir funcionando y los servicios públicos permanecerán abiertos para limitar la parálisis económica.
Al igual que la primavera pasada, los franceses «podrán salir de su casa sólo para ir al trabajo, a una visita médica, para ayudar a un pariente, hacer las compras esenciales o salir brevemente a tomar el aire», dijo Macron.
Se requerirán declaraciones escritas que justifiquen la salida, dijo, sugiriendo que se volverán a imponer multas a los infractores.
«Si en dos semanas tenemos la situación bajo un mejor control, podremos revaluar las cosas y esperamos abrir algunos negocios, en particular para las vacaciones de Navidad», dijo.
«Espero que podamos celebrar la Navidad y el Año Nuevo con la familia», añadió.
Por su parte, Angela Merkel anunció en Alemania el cierre por un mes de restaurantes y sitios de ocio, acompañadas de ayudas de hasta 10,00 millones de euros (11,750 millones de dólares) para que la economía enfrente el choque.
Estas medidas «duras y difíciles» buscan «frenar el ritmo muy elevado de propagación del virus», declaró la canciller en conferencia de prensa. «Debemos actuar y es ahora» para evitar encontrarnos «en un estado de urgencia sanitaria», añadió.
Subrayó que las nuevas reglas se aplican a nivel nacional tras un acuerdo logrado en una reunión de crisis con los jefes de gobierno de las 16 regiones alemanas competentes en materia sanitaria.
Los jefes regionales se volverán a reunir en dos semanas para examinar su eficacia y si es necesario ajustarlas.
En detalle se anunció el cierre de a partir del lunes de restaurantes, instituciones culturales y el sector de ocio, como los cines, salas de concierto y teatros, o las piscinas. Las restricciones, comunicadas el miércoles, durarán hasta final de mes. Las reuniones solo podrán ser de un máximo de 10 personas de dos hogares distintos.
Las escuelas y comercios podrán sin embargo permanecer abiertos, explicó la canciller, Angela Merkel, tras la reunión.
Todas las competiciones deportivas profesionales se celebrarán a puerta cerrada, mientras que las de aficionados quedan prohibidas. Los ciudadanos son invitados a evitar todos los desplazamientos inútiles, y las estadías en alojamiento reservadas a «fines no turísticos».
«Una terapia de 4 semanas»
Se trata para los responsables alemanes de salvar el periodo de las fiestas de fin de año.
El objetivo es «interrumpir rápidamente la dinámica de contagios para que no sea necesaria ninguna restricción a gran escala en los contactos personales y la actividad económica durante las vacaciones de Navidad», precisa el proyecto de acuerdo.
«La esperanza es tener la situación controlada antes de Navidad» y evitar un reconfinamiento total de varias semanas, subraya una fuente cercana al gobierno en Berlín.
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La mayoría de los mercados de Navidad, tan apreciados en Alemania, ya fueron anulados por la pandemia.
Incluso si el país atraviesa esta situación mejor que otros países europeos como Francia o España, como fue el caso durante la primera ola entre marzo y junio, el mapa de Alemania va poco a poco tiñéndose de rojo.
Los nuevos contagios de covid-19 subieron a los 10.000 casos diarios, y el miércoles se alcanzó un récord de 14.964 en 24 horas, según el instituto de control epidemiológico Robert Koch.
«Tendremos probablemente unos 20,000 nuevos contagios a partir del fin de semana», advirtió el ministro de Economía conservador Peter Altmaier.
«La situación es muy grave. Las medidas aplicadas no bastan para frenar la tendencia», había constatado antes de la reunión Armin Laschet, jefe de gobierno de la región más poblada de Alemania, Renania del Norte-Westfalia.