Monseñor Rolando José Álvarez, obispo de la Diócesis de Matagalpa, durante la homilía de este domingo 25 de octubre, nuevamente hizo referencia a las personas que aspiran a ser líderes políticos, sociales y económicos del país y les planteó cinco principios de acción para la construcción de una nueva Nicaragua.
La construcción de una nueva Nicaragua debe basarse, dijo el obispo, en los principios del amor y el respeto. Mencionó, en primer lugar, que un líder «debe escuchar el corazón sufriente del pueblo, estar a la escucha del dolor del pueblo».
Como segundo principio el que «un líder debe anteponer los intereses de la mayorías, particularmente de las más vulnerables, a los propios o a los del grupo, y si es el caso, incluso su partido político debe transformarse en auténtico y verdadero servidor del pueblo. Para políticos sinceros y honestos esto no es irrealismo, sino un gran desafío».
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Como tercer principio mencionó que el líder debe «sacrificarlo todo para el bien común». En el cuarto lugar dijo que además el líder «debe respetar para ser respetado, el respeto en todas sus formas al otro, es sagrado» y por último que «debe trabajar por la unidad, consenso, armonía en beneficio y entorno a los grandes ideales de la Patria».
Gran revolución del amor
A los nicaragüenses, el obispo llamó a realizar la «gran revolución del amor». «Yo les quiero confesar que pensaba que, Dios mediante, un día en Nicaragua logremos hacer una revolución del amor, ¡que hermoso sería!, que los líderes en Nicaragua, de todos los extractos, todos los géneros pensaran, pensáramos en que al final de cuenta la verdadera revolución que nos libera es el amor», exhortó el obispo matagalpino.
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Enseguida, afirmó ante la presencia limitada de los fieles en la Catedral San Pedro Apóstol que el amor libera de toda atadura interna y no tiene deudas con nadie. «Sintiéndonos libres interiormente, no hay cadenas por muy fuertes que puedan existir a que nos sometan a vivir encadenados. Dios quiera que un día nos decidamos los nicaragüenses a realizar la gran revolución del amor», manifestó el religioso.
Mientras el obispo matagalpino presidia la eucaristía, en las afueras del atrio se realizaba una carrera de motocicletas, actividad que fue catalogada por muchos fieles como una «falta de respeto» hacia la Iglesia.
Monseñor Báez: Mentirosos los poderosos que se llenan la boca hablando del amor
Por su parte, el obispo auxiliar, monseñor Silvio José Báez, durante su homilía en la iglesia St. Agatha Catholic Church en Miami, Estados Unidos, reflexionó sobre dos mandamientos inseparables como es el «amar a Dios sobre todas las cosas» y «amar al prójimo como a ti mismo», e instó a los feligreses a cumplirlos.
A la raíz de las injusticias, mentiras y violencias que dominan las sociedades, el jerarca apuntó que hay una absoluta carencia de amor a Dios y al prójimo. Mencionó que el amor tiene una dimensión civil y política que se manifiesta en todos los esfuerzos para construir un mundo mejor. «Son unos mentirosos los poderosos que se llenan la boca hablando e invocando a Dios, mientras al mismo tiempo viven endiosados, se enriquecen a costa de los pobres, irrespetan los derechos humanos y oprimen a sus pueblos».

«Es un único amor con dos rostros, Dios y el prójimo… con esto se deja claro que no se puede amar a Dios sin pensar en los demás, no podemos ir a Dios saltando por encima de los demás, sin servir y perdonar, sin buscar a toda costa lo que es bueno para las demás personas y sin procurar ayuda siempre para el que sufre o está necesitado», reflexionó el jerarca.
Continúo con su homilía y dijo que amar a Dios es «renunciar al egoísmo, a la maldad y a la mentira, es luchar siempre por lo que es justo, por lo que hace más humano y feliz la vida de los demás». Por otro lado, el religioso manifestó que quien no ama a su hermano y ama a Dios es un «mentiroso».
Monseñor Báez explicó que amarse a sí mismo es «no comprometer nunca nuestra libertad, vivir con integridad, conservar siempre nuestra dignidad… lo que deseas para ti hazlo también para los demás. Si no nos amamos no amaremos a los demás, solo sabremos arrebatar y acumular, irrespetar y atropellar, aprovecharnos de los otros o apartarlos a empujones para salir nosotros adelante cueste lo que cueste. Amar a los demás como a nosotros mismos es luchar para que todos puedan alcanzar todo lo bueno que deseamos para nosotros», indicó el religioso.