Los reyes de las «fake news»

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Fake news

Pongámoslo en limpio: para Daniel Ortega y Rosario Murillo “fake news” no es igual a “noticias falsas”. Fake news para ellos es toda la información que los contradiga. Así que cuando deciden castigar las fake news, no vaya nadie a creer que están castigando la difusión de información falsa por los medios de comunicación y las redes sociales. ¡Qué va! En nombre “de la verdad y el bien común” lo que buscan castigar son los mensajes que no les gustan, aquellos que los cuestionan o los contradicen. Aunque sean verdades. Peor aún si son verdades.

Meteorito

Voy a poner un ejemplo sencillo, viejo y ni siquiera político: en septiembre de 2014, el gobierno de Ortega y Murillo aseguró que cayó un meteorito en Managua. El 19 digital, su vocero oficial, lo tituló así: “Meteorito cayó en Managua”. LA PRENSA (y otros medios) desmintió el hecho con información de la Nasa. Aquí, evidentemente, alguien mintió. En uno de los dos lados hay una fake news. Si el caso llegara a los tribunales con la nueva ley de ciberdelitos que Ortega mandó a aprobar, ¿quién sería castigado por difundir fake news? ¿A alguien con tres dedos de frente se le ocurre que un juez de estos va a sancionar a Rosario Murillo o a unos de sus medios por los cientos de mentiras que divulgan a diario?

Mentiras

El lunes pasado oímos a Daniel Ortega decir la mayor cantidad de mentiras por minuto redondo que una persona pueda decir. Fue un discurso dirigido a sus bases necesitados de argumentos que desmientan lo que ven sus ojos. Fue también dirigido a la comunidad internacional, en aquel viejo truco que antes le funcionaba: decir cualquier mentira, por descarada que sea, y aquellos otros países, por diplomacia o complicidad, hacen como que la creen, aunque por los bajos se rían o indignen de ella. Y al final, fue un discurso destinado a aliviar su propia conciencia, convenciéndose así mismo que la realidad es la mentira, y la mentira la realidad. Estado de negación, le llaman.

Presos políticos

Hay una disociación tan grande entre la realidad y lo que dicen Ortega y Murillo, que uno ya no sabe si es estrategia goebbeliana, por aquello de “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”, o simplemente desvaríos de dos señores que perdieron el polo a tierra que los ataba a la cordura. Ortega llegó a decir el lunes que en Nicaragua no hay tortura, que mienten quienes muestras las fotos de sus labios cosidos en protesta y mienten las madres que piden piedad para sus hijos vejados. Pero hasta ahí lo entiendo: todo carcelero niega los abusos que comete. Lo que resulta incomprensible es que diga que sus cárceles son de puertas abiertas y son las madres quienes se niegan a visitar a sus hijos presos para, según sus cuentas, poder mentir y no comprobar que casi son el reino de los cielos en la tierra. Otra vez hay un mentiroso atrapado. O son las madres y sus hijos presos, los mentirosos,  o es Ortega. ¿A quién le apuesta usted?

Leyes

Esto de crear una sociedad donde el gobernante pueda decidir qué es verdad y qué mentira, según sus conveniencias, no es un invento Ortega y Murillo. Ha sucedido en otros tiempos y sucede en otros países. Imagínese nomás que Donald Trump, en Estados Unidos, o Nayib Bukele, en El Salvador, para poner dos ejemplos, pudieran decidir cuáles son noticias falsas y cuáles no. Y en consecuencia castigar aquellos que a su criterio mienten. ¡Felices serían! La diferencia es que en esos países hay tribunales más o menos independientes, instituciones y organismos que fiscalizan. En Nicaragua, por la dictadura que la gobierna, Ortega sí puede imponer por ley la mentira como verdad y castigar a la verdad como mentira.

Sumisión

Veámonos entonces en esa sociedad norcoreana que quieren construir, celebrando el día del meteorito, viendo documentales de presos que alegremente bailan en los pasillos de las cárceles en primorosas coreografías, repudiando como terroristas y criminales a los mejores hijos del país y honrando como héroes a los Wilfredo Navarro, Byron Jerez, Roberto Rivas, Ramón Avellán y otros de la misma calaña. Esa, la que digan en sus discursos los dictadores, la que trasmitan los medios oficialistas, será la sociedad de verdad. El resto, la que la contradiga, la que usted ve con sus ojos, será fake news, y como tal será castigada si se difunde.

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