Entre el ego y la humildad

El beisbol es un deporte que mantiene el equilibrio de los jugadores. Un día hacés una gran actuación y te creés el rey del mundo, mientras que una semana después podés ser sacado a palo limpio del montículo

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He sido un competidor a lo largo de mi vida. Recuerdo que varios días de la semana, especialmente después de lanzar, me gustaba revisar los periódicos en el estadio o en los hoteles. Me iba directo a la sección de deportes porque aparecía un ranking de los 10 mejores lanzadores del momento: basados en la efectividad, victorias y muchas otras métricas. Aunque fuera en una de ellas, me gustaba sobresalir. Y debo ser sincero: eso alimentaba mi ego, hacía crecer mi orgullo; sin embargo, Dios guio mi camino y colocó a una espectacular mujer a mi lado, como fue Luz Marina, para que no perdiera los pies de la tierra.

En el deporte es normal que el ego se te infle, te creás superior a los demás, mirás cómo el público te vitorea, los medios de comunicación te persiguen y tu salario cambia drásticamente. En mi caso, pasé de ser un muchacho con condiciones limitadas en Granada a tener la capacidad de comprarme lo que se me antojara. Mi ventaja fue que era casado, tenía una responsabilidad y debía asumir un rol como esposo, además de darle el ejemplo a mis hijos. Nunca fui un derrochador.

Hay una enorme ventaja cuando nacés en la pobreza y te vas superando a base de sudor y sacrificio: entendés mejor el concepto del esfuerzo, pero sobre todo el de la humildad. El ser humilde no es agachar la cabeza y esconder lo que sos, sino todo lo contrario, es mostrar tus habilidades, cualidades y capacidades, compartiéndolas al servicio de los demás. Cuando sos figura pública es normal que muchos tengan una imagen que no es cierta de vos. A mí me ha pasado que he tenido problemas, en ocasiones he tenido mucha prisa por llegar a algún destino y algunas personas que me pedían fotos se quedaban sin ellas. Para ese grupo era un elevado… un egocéntrico.

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El beisbol es un deporte que mantiene el equilibrio de los jugadores. Un día hacés una gran actuación y te creés el rey del mundo, mientras que una semana después podés ser sacado a palo limpio del montículo. Te sube y te baja, siendo esa montaña rusa lo que provoca desinflar el globo del ego y convertirse en una persona más humilde. Me pasó muchas veces en el partido estando en ventaja de cuatro carreras o más, pensaba que ese juego ya era mío y me sumaría otra victoria, cuando de repente en un abrir y cerrar de ojos ya estaba perdiendo el juego. Otro ejemplo es que a muchos deportistas les gusta ser entrevistados en la bonanza, pero cuando caen hasta corren a los periodistas. Durante mi carrera nunca negué una entrevista después de un juego, aunque no tuviera una buena actuación en la colina, porque ellos no eran los culpables de mi fracaso, sino todo lo contrario, les transmitirían a los fanáticos mis explicaciones de lo ocurrido.

El problema no es ser exitoso y lograr tus metas, sino qué hacer cuando has llegado una vez a la cima.

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