Ver lo que hace, no cómo lo dice

No es exageración afirmar que el presidente Trump y su disruptivo estilo y políticas, tanto doméstica como internacional, han sido y continúan siendo unos de los menos comprendidos y más hostigados en la historia política contemporánea de los Estados Unidos.

Fuera de su propio país, en particular América Latina, la animosidad es aún más virulenta debido a la desproporcionada influencia de medios estadounidenses con clara tendencia progresista, destacándose CNN.

Son frecuentes y parcializadas las afirmaciones y conspiraciones de adversarios políticos y del llamado “Estado Profundo” (oposición interna dentro de la burocracia del Estado), incluyendo los “Nevertrumpers” (republicanos opuestos a Trump) sobre el “caótico” entorno en la Casa Blanca y de su supuesta “no presidenciable, vulgar, mentirosa, incompetente, racista, misógina, homofóbica” personalidad. Afirmaciones que se enfocan más en sus deficiencias superficiales de estilo u oratoria —tan admiradas en la época de Obama y Kennedy—, en vez de en sus incuestionables logros.

En política exterior y consistente con la misión “America First”, a finales del 2017 el entonces consejero de Seguridad Nacional General H.T. McMaster difundió un artículo sobre la visión estratégica geopolítica de Trump conocida como “Principled Realism”.

Esencialmente reconocía que la Guerra Fría había terminado, que había resurgido un mundo tripolar (USA, China y Rusia) ya en avanzado progreso, con nuevos desafíos y amenazando con suplantar a los Estados Unidos como el indisputable líder económico, tecnológico, industrial y militar del planeta.

Era ante todo inevitable poner fin a ocho años de torpes e inefectivas políticas de “paciencia estratégica”, “liderando desde atrás” y “apaciguamiento” de Obama-Biden-Kerry.

Concedía que los Estados Unidos no debían ni podían continuar costeando ser policía del mundo; destacaba que seguir participando o iniciando interminables conflictos bélicos no siempre conducían a avances en la seguridad nacional; consideraba insostenible continuar subsidiando desproporcionalmente burocracias globalistas concebidas y establecidas décadas anteriores bajo circunstancias y desafíos muy diferentes a los actuales (ONU, OTAN, OMS, WTO, etc.). En algunos casos burocracias con agendas claramente sesgada contra intereses de los Estados Unidos.

Para entender mejor el alcance de la doctrina Trump, veamos:

Contrario a las predicciones apocalípticas si fuese elegido electo presidente, Trump se ha convertido en el primer presidente en varias décadas —a pesar de múltiples provocaciones internas y externas— en no iniciar un conflicto bélico, incluyendo al presidente Obama, quien curiosa y hasta ahora inexplicablemente fue premiado con el Nobel de la Paz.

Ha reducido y continúa reduciendo la presencia de tropas en interminables conflictos y cuyos costos en vidas humanas y económicos ya se miden en millares de víctimas y trillones de US dólares.

Ha logrado corregir el desbalance en la aportación económica de países protegidos con la presencia de tropas estadounidenses en gran parte diseñadas para fortalecer la defensa europea (NATO) y asiática (Japón y Corea del Sur).

Con dos acuerdos de paz firmados recientemente entre Israel, los Emiratos Árabes y Bahréin ha creado un nuevo y transformacional momento de pacificación en el medio este, no logrado desde el acuerdo de paz de Israel con Jordania en 1994.

Aniquiló el califato ISIS surgido de la descuidadamente concebida retirada de tropas en Irak ordenada por Obama.

En el área comercial consiguió renegociar importantes pero obsoletos y costosos tratados comerciales.

Con México y Canadá (USMCA) renegoció el Nafta, que a lo largo de varias décadas años había sangrado al país en millones de empleos y déficit de hasta US$250bn anuales.

Renegoció el tratado de libre comercio con Corea del Sur (Korus) a inicio del 2019, ampliando el mercado de exportación de empresas estadounidenses.

Con China si bien solo llegó a firmar la llamada “fase uno” gracias a la aparición del virus chino y a la genocida intención del PCC, consiguió reducir por medio de tarifas el extraordinario déficit anual que rondaba los US$500bn.
De la misma forma ha logrado mejorar la balanza comercial con la Unión Europea y otros países.

Como en ninguna administración anterior, Cuba, Venezuela y Nicaragua, han sufrido una mayor dosis de presión económica y política y si bien no se ha logrado llevarlas al colapso total, principalmente por fallas estratégicas y estructurales en las resistencias internas, no se descarta que, en un segundo mandato, Trump podría tomar medidas más decisivas para alcanzar ese objetivo. Eso posiblemente solo lo sabremos días o semanas después del 3 de noviembre.

El autor es arquitecto. Fue cónsul general de Nicaragua en Miami.

Opinión América Latina Donald Trump archivo
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