Los primeros tiranos

Y ADEMÁS

En la mitología griega los primeros tiranos fueron los dioses originales: Urano en el comienzo de todo y Cronos, su hijo, a continuación.

Hesíodo narra en la Teogonía que “en primerísimo lugar” nació Caos. Para Hesíodo el caos no era la confusión y el desorden total, sino “un espacio abierto entre el cielo y la tierra”, explica Lucía Liñares en sus notas para la edición de la Teogonía publicada en 2007 por la Editorial Losada, de Argentina.

Sigue diciendo Hesíodo que luego nació Gea, la Tierra, “de vasto pecho, asiento siempre firme de todos los inmortales, quienes habitan la cumbre del nevado Olimpo, y el Tártaro brumoso en lo profundo de la tierra de anchos caminos…”

En tercer lugar apareció Eros, a quien Hesíodo califica como “el más bello entre los inmortales dioses, que relaja los miembros de todos los dioses, y de todos los hombres daña el corazón en el pecho, y la prudente voluntad”. En este proceso Gea engendró por sí misma a “uno igual a ella”, agrega Hesíodo, “a Urano estrellado (el Cielo), para que la cubriera toda, de modo que fuera para los bienaventurados dioses asiento siempre firme…”

Después Urano, que fue creado por Gea, se aparea con ella y procrean a los dioses de la primera generación que fueron los Titanes y las Titánides, entre ellos Cronos y Rea.

Los Titanes cuestionaron el poder despótico de su padre. Entonces Urano los castigó encerrándolos en el Tártaro que, según descripción del mitógrafo británico Robert Graves (1895-1985) en su obra Los mitos griegos, era un “lugar tenebroso en el mundo subterráneo que se halla a la misma distancia de la tierra que esta del cielo; un yunque que cayera tardaría nueve días en llegar a su fondo”, ilustra Graves en el capítulo La castración de Urano del primer tomo de la obra mencionada.

Pero Gea sí amaba a sus hijos, ella no aprobaba el tratamiento brutal que les daba su despótico padre y los animó a rebelarse. Y no solo los alentó a la rebelión sino que les proporcionó una hoz de pedernal filoso como cuchillo, con la cual Cronos, que era el más resuelto, cortó los genitales a Urano y los arrojó al mar. Y de esa manera se liberó a sí mismo y liberó a sus hermanos.

Cuenta el citado mitólogo Graves que para cercenar los genitales de su tiránico padre Cronos usó la mano izquierda, que por eso desde entonces “ha sido la mano de mal agüero”.

Los hermanos de Cronos, en reconocimiento a que los había liberado y sacado del profundo y tenebroso Tártaro, lo reconocieron como el principal y le dieron la soberanía sobre la tierra. Pero a la larga les pasó lo mismo que a aquellos pueblos que son liberados de una dictadura, o tiranía, pero los libertadores les imponen otra igual o peor.

Los nicaragüenses saben perfectamente a qué me refiero, no necesito ser explícito.

El caso es que Cronos se casó con su hermana, Rea, y cuando nacieron sus hijos les dio el mismo tratamiento cruel y tiránico que Urano había dado a los suyos. Teniendo tanto poder en sus manos Cronos se dejó dominar por la hybris, como llamaban los griegos de la antigüedad a la desmesura, la transgresión de los límites del poder y de todas las cosas.

Cronos se volvió extremadamente celoso de su poder y temía que los hijos que le iba dando Rea, cuando crecieran se rebelaran contra él y le hicieran lo que él hizo a su padre. De manera que los devoraba a medida que iban naciendo, hasta que Rea se cansó de soportarlo y ocultó al último de ellos, al que llamó Zeus, quien al crecer se propuso rescatar o vengar a sus hermanos y poner fin a la dominación tiránica de Cronos.

Zeus consiguió una bebida vomitiva con la titánide Metis, que era diosa de la prudencia pero también de la perfidia, y gracias a su madre que lo disfrazó de copero pudo acercarse a Cronos y darle la bebida que parecía un delicioso elixir. Cronos lo bebió e inmediatamente comenzó a vomitar, saliendo así de su vientre los hijos que había tragado enteros: Deméter, Hera, Hades, Hestia y Poseidón. Libres sus hermanos, Zeus se alió con los Titanes e hicieron la guerra contra Cronos, que duró diez años, hasta que al fin pudieron derrocarlo.

Así comenzó el mundo de los dioses, con crueles tiranos abusando del poder. Y eso se reprodujo en la tierra, la residencia de los humanos, algunos de los cuales en cuanto acumularon poder se impusieron a los demás y los oprimieron. Perversa costumbre que en muchos países perdura hasta nuestros días.

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