/ Ernesto Cruz

La presidencia del Cosep

La elección del próximo presidente del Cosep ha suscitado un interés inusitado en el seno del sector privado y ha producido naturalmente opiniones encontradas acerca del tipo de presidencia que debiera adoptarse para mejor responder a la triple crisis —económica, política y sanitaria— que el país atraviesa actualmente.

Amigos estimables han solicitado mi opinión al respecto, lo que trataré de hacer a continuación.

En contraste con otros países de la región, la presidencia del Cosep ha sido en años recientes profesional y continuada. El perfil actual del cargo corresponde más bien al de un director ejecutivo o secretario general que al de presidente de la cúpula empresarial de la nación. Con anterioridad, la presidencia del Cosep se había desempeñado por auténticos empresarios con voluntad de servicio, muy prominentemente durante los azarosos años de la revolución sandinista por los dos Enriques, Dreyfus —de grata recordación— y Bolaños —aún con nosotros, felizmente—.

El presidente de la más alta e inclusiva organización empresarial representa la totalidad de los intereses del sector privado. Una representación tan importante solo puede confiarse a un hombre de empresa independiente, avalado por éxitos anteriores y con medios suficientes para poder servir el cargo sin necesidad de remuneración, respaldado desde luego por una junta directiva representativa de los diversos sectores empresariales y debidamente asistido por un director ejecutivo o secretario general remunerado.

La diversidad de los intereses que conforman el Cosep hace imperativo que el presidente de la organización posea, entre sus dotes de liderazgo, una buena dosis de calma, juicio discriminante, ecuanimidad, habilidad negociadora y valentía.

Las mismas razones por las que la reelección del presidente de la República por períodos consecutivos debe ser proscrita hacen aconsejable que no se permita la reelección inmediata del presidente del Cosep.

El manejo de las relaciones entre empresa y gobierno son demasiado importantes para delegarse al nivel ejecutivo de la organización. Estas deben manejarse por el propio presidente del Cosep —según se ha concebido aquí— con el consejo y asentimiento de su Junta Directiva. Así podrá —con el respaldo pleno de las organizaciones gremiales afiliadas— sortear las dificultades que se presenten y guardar una prudente distancia de quienes ejerzan el poder público en un momento dado.

Espero que estas líneas respondan en alguna medida a las inquietudes que las han motivado.

El autor es doctor en Derecho y Economía, JD,PhD. Fue rector del Instituto Centroamericano de Administración de Empresas (Incae).

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