Dicen que el gato nos ve desde arriba, el perro nos ve desde abajo, pero el cerdo nos ve a los ojos.
En la antigüedad algunos pueblos utilizaban un método “infalible” para determinar la culpabilidad o inocencia de un individuo, se dice que lanzaban desde un acantilado al acusado, si este era culpable moriría por la caída, pero si era inocente, Dios lo salvaría. Estoy seguro de que había pocos inocentes.
Para el nicaragüense de a pie, la política es un lodo que no se debe pisar, si no quieres salir embarrado, pero no es propio de nuestra sociedad. En realidad, la política es vista como un ejercicio poco noble o virtuoso, pues asumimos rápidamente que el que quiere hacer política es porque quiere hacerse rico a costilla de los demás.
No son pocos los descalificativos que se usan para describir el arte de hacer política.
¿Puede acaso la política algún día redimirse?
¿O seguiremos juzgando con una integridad prestada?
¿Quién es suficientemente apto para ser político y estar a la altura de nuestra “santa moral”?
Veo partidos políticos, líderes, dirigentes y demás que atacan, descalifican y acusan a diestra y siniestra, como si fuéramos la bondad hecha carne. Olvidando que nuestros políticos son nuestro mismo reflejo.
No encontraremos personas lo suficientemente perfectas para que merezcan nuestra confianza.
Somos defectuosos por naturaleza, intentamos camuflar nuestro egoísmo por una falsa integridad, golpeando el martillo como si de jueces se tratara. Una cacería de brujas para buscar culpables, cuando culpables somos todos.
El barco se hunde, no intentemos averiguar si el iceberg era grande, si íbamos muy rápido o fuimos muy necios, hay que salvar el día.
A golpes hemos tenido que aprender que la política es un tema que nos atañe a todos. Es urgente que dejemos de satanizar a todo aquel que intenta hacer política.
Hace dos años, en mi exilio en Costa Rica, cuando vi que en Venezuela se levantaba un Juan Guaidó, o Nayib Bukele como presidente de El Salvador (ambos bastante jóvenes en comparación con la media en nuestra región), publiqué un tuit donde reflexionaba que en Nicaragua difícilmente veríamos a un líder de tal calibre. No porque no fuéramos capaces, sino porque lo destruiríamos en seguida.
Esto me recuerda a aquella reflexión donde se dice que los pescadores no suelen cubrir el recipiente donde colocan a los cangrejos que llevan a vender. El recipiente, en realidad, es lo bastante pequeño como para que los animalitos salgan sin problemas, ¿entonces por qué no huyen por su vida?
Sí lo hacen, pero cuando uno intenta salir, los otros lo jalan hacia abajo.
¿No estaremos acaso más concentrados en bajar a los demás, que en unirnos para salir de esta todos juntos?
El autor es periodista.