El día 18 de julio alguien en mi condominio puso una bandera roja y negra en su casa. Yo, que respeto la bandera Azul y Blanco, me sentí ofendida.
Antes de esto solo veía banderas partidarias en barrios y me impresionó que lugares “decentes” permitieran este comportamiento. Una gran parte del apoyo al gobierno se relaciona al fanatismo y a gente de bajos recursos que dan su respaldo por 200 pesos y un par de láminas de zinc.
Me ofendí porque yo saqué la bandera de mi país para el 14 y 15 de septiembre del año pasado y los guardas del condominio me dijeron que hubo quejas, que eso era contra las normas e incluso me enseñaron un papel que lo decía. Cuando me quejé a través de un grupo de WhatsApp por la bandera partidaria, varias personas, algunos extranjeros, salieron en defensa de la “libertad de expresión” y decían que no tenía nada de malo dejar que cada quien expresara sus ideales políticos. Milagrosamente, las reglas del condominio habían cambiado y no había ninguna restricción contra banderas de ningún tipo. Algunos condominios defendieron mi posición pero la mayoría calló; no tenía idea que había tanta gente afín a un gobierno acusado de crímenes de lesa humanidad, en el lugar donde vivo. Esa misma noche se parqueó un carro enfrente de mi casa en tono amenazante.
¿Cuándo nos dejamos someter tanto a esta gente? ¿Cuándo se volvió competencia una bandera de un partido desprestigiado, contra la bandera de un país? ¿Desde cuándo tanto miedo que ya ni quieren comentar en un grupo de WhatsApp? Hay muchas personas aquí que no están de acuerdo con este gobierno, sin embargo, tienen un miedo increíble a que hayan represalias… incluso en la clase media. ¿Hasta dónde llegan los tentáculos del gobierno Ormu?
¿Cuántos negocios con testaferros tienen? Pareciera que privatizaron mi Patria.
Sueño con el día en que la gente no ponga banderas rojinegras en su casa, sino pongan libros en las aceras y los compartan, pongan banderas verdes por el cambio climático, pongan banderas con arcoíris por la comunidad LGBTIQ y por asuntos que en realidad nos importan a todos.
Así que cuando me dicen que no están de acuerdo con ninguna persona de oposición (menos el PLC, ellos no son oposición) yo solo les recuerdo que cualquiera que no sea como dice Bacanalnica, el “masacrador de niños”, es mejor que lo que tenemos ahorita.
Dejen las críticas y unámonos.
La única forma de salir de este gobierno genocida es nuestra unión.
Ustedes ya saben cuál es la ruta…
La autora es licenciada en Economía Política Global y máster en Gestión de Proyectos.