¿Posponer el debate ideológico?

Tras haber leído el fascinante libro En Busca de la Tierra Prometida, de Humberto Belli, magistral remembranza de la historia de Nicaragua, encontré un sinnúmero de lecciones que valen la pena reflexionar, en especial para que los jóvenes no volvamos a tropezar con las mismas piedras del pasado.

Mucho se ha hablado desde el despertar del 2018, acerca de si la lucha contra el gobierno sandinista es o no una cuestión de ideologías, de si estas tienen realmente influencia en los problemas que todos conocemos. Muchos sostienen que no es momento de hablar de ideologías, sino de “unidad” de los nicaragüenses, una premisa que a mi parecer no es del todo correcta. Concuerdo en que es indispensable la unidad para derrotar al sandinismo y finalmente fundar una verdadera república y un sistema democrático sostenible que rompa de una vez por todas el nefasto círculo vicioso de dictaduras en el que ha transcurrido nuestra historia, pero discrepo en que para lograrlo sea necesario posponer el debate ideológico.

Belli expone detalles reveladores que muestran como ignorar el debate ideológico puede resultar particularmente trágico y peligroso para una nación en reconstrucción posdictadura. El FSLN camufló su ideología, tal y como Fidel Castro hizo antes de llegar al poder. Negaban su verdadera identidad, por factores tácticos-estratégicos ocultaban nacional e internacionalmente la meta del socialismo y así lograron lo que buscaban en 1979: “hegemonía en una alianza”, con un mando centralizado sin que frentes amplios o la entrada masiva de nuevos militantes fuesen retos para su liderazgo.

“En la población opositora muchos repetían: mejor que Somoza cualquier cosa. La esperanza era que los sandinistas, aunque marxistas, serían domados por las mayorías democráticas”. La astucia del FSLN fue que a sabiendas de que Nicaragua y buena parte de la comunidad internacional no apoyarían un proyecto socialista, ocultaron su identidad, para más tarde develar luego su verdadero rostro. Incluso engañaron al Departamento de Estado de EE. UU. de aquel entonces junto a intelectuales y notables que estaban a su favor, dándoles buena prensa al ser “pluralistas y representar diversos sectores”, cuando en realidad estaban siendo —algunos sin saberlo— controlados por grupos con planes y agendas muy diferentes a la que se decían.

¿Caeremos nuevamente en la trampa “después de Somoza cualquier cosa”? Esta vez la exigencia debería ser “después del sandinismo, nunca más de lo mismo”. Sería una gran forma de honrar a los caídos del 2018 y aquellos que en un pasado más lejano lucharon y murieron creyendo que era por liberarnos de las cadenas de una férrea dictadura, sin imaginar que estaban allanándole el camino a una mucho peor.

El autor es licenciado en derecho y miembro de Jóvenes por la Libertad.

Opinión
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