¿Aprenderemos algo del Covid-19?

Como algo aparentemente insignificante el Covid-19 ha venido a transformar al mundo de manera radical y abruptamente. Él nació en un pueblo de China, ¿como aún no se sabe con exactitud? No sabemos cuánto tiempo pasará para saber si fue provocado por las mentes y manos malsanas del hombre o si lo engendró la naturaleza para cobrar a los humanos todo el daño que se le ha causado.

Se dice que este virus nació a finales del 2019, pero su ímpetu golpea al mundo en el primer trimestre del año 2020, un año bisiesto. Antes nuestros antepasados, nos decían que los años bisiestos eran augurios de (o traían) muchas calamidades, estos presagios se vislumbraron de alguna forma localmente en algunas ciudades de nuestro país, en los primeros días y primeras semanas de enero y febrero de 2020. Mientras diciembre 2019 y enero 2020 son meses fatales en China y sus vecinos más cercanos, en febrero y marzo de 2020 el diminuto pero dañino virus ya ha invadido a casi todo el planeta, haciendo muchos pero muchos estragos, de manera especial en Italia, España, en los Estados Unidos de Norteamérica y de manera desastrosa en el estado de Nueva York.

Algunos se preguntarán: ¿Cuál es la transformación que ha habido? Momentáneamente a simple vista lo notamos en la paralización casi total en la circulación terrestre, aérea y marítima de los seres humanos y las máquinas de transporte de pasajeros y carga; en la semiparalización de las economías de los países del mundo al pararse parcialmente el comercio, el turismo, la construcción y de alguna manera las exportaciones e importaciones de la producción nacional de algunas naciones para hacerle frente a los abastecimientos nacionales.

También se nota en unos países más que en otros el cambio en los hábitos higiénicos que ojalá quede eso de manera permanente aún yéndose este virus, porque un día (no sabemos cuándo), tiene que desaparecer.

En el aspecto religioso el virus también ha obligado a hacer cambios en la manera de hacer el culto a Dios, en el caso del culto católico, la adoración al Ser Supremo ha pasado de una Iglesia comunitaria a ser una Iglesia doméstica a como lo fue la primera comunidad cristiana. Aunque en este caso el máximo jerarca de la Iglesia católica mira un peligro de caer en una religiosidad gnóstica. Hemos visto en los cambios que ha traído hasta el momento el coronavirus el hecho de que algunas personas científicas y no científicas se han vuelto creyentes.

La naturaleza ha acrecentado los cambios que ya venía experimentando: cielos despejados (sin smog), en algunas urbes animales silvestres en las calles y en el mar, lluvias en épocas que no corresponde, con tormentas, arterias y fuertes vientos; en algunos lugares tornados, terremotos y temblores, erupciones volcánicas y otras manifestaciones que quizás no las percibimos a simple vista.

Algunos pocos gobernantes se han vuelto a Dios, uno que otro se ha humanizado, en cambio otros continúan soberbios, orgullosos, autócratas, dictadores como el faraón en el tiempo de la esclavitud de los israelitas en Egipto. La esperanza de nosotros los cristianos es que esos corazones de piedra nuestro Señor Jesús los convierta en corazones de carne y que cambien desde lo más profundo de sus corazones, todo esto es posible si ellos quieren reivindicarse con Dios y con sus gobernados, esta es una gran oportunidad.

También hemos visto en algunos lugares de nuestra planeta, la solidaridad humana, el pueblo (el humilde, el campesino comportándose como la viuda del óbolo que nos relata las sagradas escrituras), salvando al pueblo, algunos compartiendo lo que les ha dado el Señor en la cosecha, con sus ingresos, las manos de ancianitas elaborando mascarillas para donar en donde se necesita.

Esas y más son las cosas positivas que hemos visto que el Covid-19 nos ha traído.

Ojalá que una vez que pasemos de este trago amargo, haya cambio en los corazones de la mayoría de la humanidad y en algunas organizaciones mundiales, no ese cambio que algunos falsos líderes (políticos y religiosos) del mundo esperan y que lo nombran como el “nuevo orden mundial” o “nuevo orden de cosas”.

El mundo debe abrir bien los ojos, porque estos grupos, movimientos o pseudo líderes lo que buscan es seguir engañando al mundo con ideologías falsas, con mentiras y trayendo a la humanidad de nuevo a la esclavitud.

Mientras existan los gobiernos terrenales siempre habrá pobreza, sufrimiento, dolor, etc., por lo tanto meditemos, reflexionemos y roguemos a Dios para que todos cambiemos.

Es tiempo de transformaciones.

El autor es economista

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