Si se toma como referencia la tasa de letalidad de los países Centroamericanos, después de Belice, en Nicaragua las personas contagiadas de Covid-19 tienen, porcentualmente, un riesgo más alto de morir que el resto de la región. Según cifras regionales, la letalidad es de 4.11 por ciento, es decir, que por cada cien casos, fallecen cuatro.
Sin embargo, los datos no son camisa de fuerza porque el mismo Ministerio de Salud (Minsa) los puede cambiar de una semana a otra y tampoco reflejan la realidad del país, explica el epidemiólogo Álvaro Ramírez.
Los analistas reconocen, no obstante, que en lo que sí hay certeza es que en Nicaragua la probabilidad de contagiarse es mayor que en el resto de la región, lo que aumenta la posibilidad de muerte.
La tasa de letalidad muestra el número de fallecidos con base al total de personas que padecen la misma enfermedad. Hasta este 2 de junio el Minsa aseguró que hay 1,118 casos de Covid-19 y 46 muertes en el país.
Muy cerca de la tasa de letalidad de Nicaragua se ubica Honduras, con 4.06 por ciento, con 250 fallecidos hasta el 6 de junio. En la acera contraria, el país con la menor tasa de letalidad del istmo es Costa Rica, donde solo han fallecido 10 personas de 1,318 casos identificados hasta el 7 de junio.
Hasta inicios de mayo Nicaragua tenía una tasa de letalidad que espantaba. Se situaba en 32 por ciento, lo que forzó al régimen de Daniel Ortega a sacar de la sombra a más infectados con Covid-19 para rebajar esa tasa de letalidad que estaba poniendo a Nicaragua en el ojo internacional. Es por eso, que de una sola semana se pasó de tener 25 casos a 254, es decir, 279 contagios acumulados; de ahí, la escalada no se detuvo.
El país alcanzaba en menos de cuatro semanas el número de contagios que países como Costa Rica, por ejemplo, venía acumulando desde marzo. Ramírez explica que el gobierno puso mucho esfuerzo en bajar la tasa de letalidad porque reflejaba que el sistema de salud no era capaz de tratar los pocos casos que tenía.
“Eso es para tratar de reflejar eficiencia en el manejo hospitalario y nivelarse a la tasa de letalidad centroamericana”, expresó. No obstante, si se aparta la estadística, los datos no dicen mucho de la situación real, porque se desconocen cifras, como el número de hospitalizaciones diarias, la mortalidad diaria, por lo que la tasa “dibujada u orquestada por el Ministerio de Salud simplemente es una habilidad matemática”, expresó el exdirector de epidemiología del Minsa.
El también epidemiólogo Rafael Amador explica que la letalidad te permite saber si está muriendo mucha gente o no de una determinada enfermedad, pero esto se puede dar por varias razones; entre estas, por la letalidad misma de la enfermedad, como pasa con el ébola, y por inadecuados servicios de atención sanitaria, que incluyen la falta de recursos médicos, insumos, infraestructura, la detección y atención temprana, entre otros factores.
“Por eso, cuando se empezó a jugar con los mismos números reportados oficialmente de pocos casos y la mitad de eso, más del 40 por ciento de eso eran muertos, lo que uno podía interpretar era que si en todos los lugares se moría el cinco por ciento de la gente, es decir, de cada cien se morían cinco, aquí de cada cien se nos estaban muriendo cuarenta, entonces decís ¡Opa!, pero si es la misma enfermedad ¿Qué pasa ahí? Calidad de servicio”, explicó el médico.
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Ramírez sostiene, que tomando en cuenta la forma de actuar del Minsa, no se descarta que en el próximo reporte, mencionen menos muertos y la tasa de letalidad baja a tres por ciento.
Por eso, en general, explica que el riesgo de morir en la región Centroamericana es igual en todos los países, ya que comparten condiciones sociales, culturales y económicas similares, pero la diferencia la hace la organización del sistema de salud en la atención de casos en sus distintos niveles para salvar vidas.
Valdría la pena hacer una comparación regional si los datos de Nicaragua fueran reales, pero distan mucho de serlo, dijo el especialista. Ante la desconfianza y la política de hermetismo que maneja el Minsa, bajo la directriz del régimen orteguista en el manejo de la pandemia, el Observatorio Ciudadano de Covid-19 mantiene un monitoreo paralelo de los casos de Covid-19. Hasta el 3 de junio, el grupo interdisciplinario reportaba 5, 027 contagios y 1, 114 muertes sospechosas por el virus, incluídas neumonías.
Un análisis complejo
Para determinar si una persona tiene más probabilidades de morir por Covid-19 en Nicaragua que en otro país de la región, Ramírez es cuidadoso con las conclusiones. Explica que se requiere conocer la definición de casos por cada país, que implican las características considerada por cada nación para determinar un caso confirmado de Covid-19.
En El Salvador, por ejemplo, hay una búsqueda activa y toma de muestras a personas asintomáticas, que arrojan casos positivos, lo que no significa que los más de tres mil contagios correspondan a personas hospitalizadas.
El análisis de este tema se complejiza, no es tan lineal, advierte, porque los casos confirmados en Nicaragua también incluyen los probables por clínica, pero en Honduras, podría ser que solo los confirmen por pruebas positivas. En esta definición que ha incluido el Minsa ellos “dejan una ventana” de no necesitar hacer muestras, pero si lo hicieran, como ha sucedido en otros países, probablemente, el número de gente infectada, fuera “un número astronómico”, expresa Ramírez.
Pero si hay más riesgo de enfermar
Lo que sí está seguro el epidemiólogo es que el riesgo de contagio y de enfermar por Covid-19 es más alto en Nicaragua que en el resto de países porque no se han tomado medidas de restricción de la circulación, y cuarentena, a través de las que se disminuye la propagación del virus.
Si un paciente está infectado y la movilidad en las calles continúa igual, es probable que infecte a tres o cuatro personas, pero si aislás a la gente, la tasa de infectación se reduce a uno o menos uno, que es lo que los países tratan de hacer al implementar cuarentenas, además del uso de mascarillas.
También considera, dejando por fuera la tasa de letalidad, y solo con base a las condiciones sanitarias del país y la gestión de la emergencia, que hay más riesgo de morir porque el sistema de salud no está preparado para tanta demanda, hay mucha automedicación, a la gente se le está mandando de regreso a las casas a morir, y esas cifras no entran en el registro oficial de potencial Covid, explicó Ramírez.
Otro factor es que la población si quiere ingresar a servicios privados de salud no tiene la capacidad económica. “El pueblo de Nicaragua no está siendo protegido adecuadamente en el acceso igualitario a los servicios de salud en tiempos de pandemia y el gobierno está obligado a facilitarlo a los nicaragüenses”, dijo el epidemiólogo.