Mi lema personal es: “Tengo la buena suerte que muchas cosas malas han sucedido en mi vida”.
Nací en 1960, por lo tanto cuando la Revolución Sandinista de 1979 tenía 18 años y próxima a cumplir 19 años, en septiembre. En esa época era estudiante de la carrera de Licenciatura de Computación en la Universidad Centro Americana (UCA).
Me tocó vivir la filas por cosas tan necesarias como el papel higiénico, la pasta dental y, en mi casa de 4 mujeres incluyendo a mi madre activamente reglando, una toalla sanitaria era algo tan valioso como un diamante en bruto.
Una vez mi hermana menor se desmayó en la fila de la venta de nuestro barrio, Don Bosco. Por estar en la fila de gas sabías cuando llegabas pero te tenían todo el día esperando, con el decir: “Ya viene, no se preocupe”.
Pero bueno, eso me ayudó a cambiar la perspectivas de mi vida para siempre. ¡Qué malos fueron los sandinistas!, pero tuve la suerte de emigrar a los Estados Unidos (EE.UU.) con la ayuda de una familia amiga y llegue muy cómoda a Miami, en un vuelo de Taca en 1986.
Al llegar me propuse no hacer nunca fila para nada, ya había hechos suficientes en mi vida. Compraba los iphone muchos meses después de su lanzamientos, veía las películas tales como Star Wars mucho tiempo después de sus estrenos.
Me ubiqué en el área de South Florida y luego, al pasar de los años me compré un townhouse cerca de la playa de Hollywood, Florida. Vivir cerca de la playa me hizo ser una persona siempre activa, durante los meses de huracanes ir a buscar comida, cosas básicas. No almacenar ni entrar en pánico como hace la mayoría acá. Después de oír durante muchas noches los bombardeos en el barrio Don Bosco, y sobrevivir el terremoto 1972 en el barrio San Antonio, un desastre súper anunciado y monitoreado como el huracán no me iba a asustar. He vivido prácticamente sola en este país, soy soltera, sin hijos ni mascotas, tengo un trabajo muy demandante como Manager Global de Aplicaciones Financieras para una empresa que hace las operaciones globales de una de las compañías más conocidas de aquí.
El trabajo me ha llevado a vivir en muchas ciudades de Estados Unidos, incluso un tiempo en Europa, en Holanda específicamente. Durante mis 34 años en Estados Unidos jamás, ni el 11 de septiembre, había visto los supermercados, tiendas, y demás proveedores de alimentos como desde hace algunas semanas.
Sentí un feedback hacia Managua en mis años veinte. Pero acá la vida ha bendecido a todos los ciudadanos que no están acostumbrados a pasar tragedias y a quienes todo se les complica más en zonas de alto poder adquisitivo. Hace unos días en nuestra reunión virtual mi VP me preguntó: “Lorena, qué tienes que comentar, tú siempre tienes una perspectiva global diferente debido tu experiencia de trabajo y personal”.
Comencé con mi lema personal, luego le dije que en los años 80 en mi natal Nicaragua aprendí muchas cosas para sobrevivir, una de ellas es que cuando consideres que la pasta dental ya no tiene nada, la puedes cortar con un tijera al final y la sigues exprimiendo. Verán que pueden tener pasta dental para una semana más: Todos mis colegas dijeron: “Nunca habíamos pensado eso, lo practicaremos”. Mi grupo de trabajo consiste mayoritariamente de personas del Medio Este de Estados Unidos, algunos hindús, mi mánager que es de Filipinas y esta servidora, la chica que salió con su maletita de Don Bosco E-225.
Los gobiernos comunistas tratan de oprimirnos, pero el ser humano siempre halla una solución porque a veces la vida no te permite estar siempre en un mundo privilegiado y no han tenido la oportunidad de medir tu capacidad de sobrevivir y hacer frente a la adversidad.
La vida no es solo comprar, tener el mejor carro, olvidarte de tu idioma por vergüenza. Hay una gran diferencia entre ser inmigrante económico y emigrante político. Como decía Mercedes Soza: Gracias a la vida que me dado tanto y gracias a las cosas malas que me han hecho como soy. Poner una sonrisa al mal tiempo y elevar una plegaria a Dios por cosas tan simples como el agua que tienes con solo abrir un grifo, cuando muchos deben caminar bastante para recogerla. Por un techo que te cobija. Por vivir en un país de paz, respeto y leyes eso es lo que amo de aquí.
Pero mi mente y corazón siempre están en Nicaragua, donde tengo familia, mi familia de escogencia (mis amigos) y todo un pueblo que es fuerte, fervoroso y luchador.
Saldremos adelante. Como dice el Eclesiastés, hay un tiempo para todo…
La autora es Master en Negocios Internacionales, licenciada en Ciencias Informáticas, Finanzas y Contabilidad.
Reside en Naperville , suburbio del Área de Chicago, Illinois, EE.UU.