Zona de Strikes: Barney Baltodano o el arte de matar suavemente

Barney Baltodano no fue un lanzador de fuerza, pero se volvió un maestro en el arte del control y escribió una brillante historia desde la colina del Bóer

Barney Baltodano parecía lanzar tan lentamente, que por momentos se temió que sus disparos no llegaran al homeplate sin antes rebotar en el camino, pero ese es el engaño de quienes tienen la velocidad escondida en la cabeza.

No había fuerza ni fuego en él, pero sí la sutileza de un tecladista o de un o cirujano. Y cuando atacaba la zona de strikes, era capaz de estremecerla en el mismo punto con el pulso de un matarife.

Barney hizo del control su mejor aliado. Su habilidad para mezclar los pitcheos y la precisión para alterar ángulos y velocidades, le permitieron alcanzar la cima y dejar huellas imborrables con el Bóer.

Utilizó solo 12 campañas para llegar a 150 victorias y decidió extender un año más su carrera, para llegar a 151 e imponer un récord de triunfos, solo para descubrir después que la marca eran en realidad de 155.

Sin embargo, Barney hizo historia y está en el Salón de la Fama. Debutó en 1984 con los Indios, tras ser desechado por los Leones y se volvió el “as” por más de una década en la tropa capitalina.

“Yo no le veo mucho, para ser honesto”, dijo secamente Julio Moya, tras al observarlo y dar el reporte a Noel Areas. Pero nadie vio el corazón de Barney y su impresionante espíritu competitivo.

Así que se fue al Bóer y tras un discreto balance de 1-3 y 2.59, Baltodano mostró las uñas en el Torneo Selectivo en ese mismo 1984, al cerrar con 5-0 y 1.21, cuatro juegos completos y dos lechadas, superando a Moya y Diego Raudez.

Y en un alarde de eficacia, Barney ganó por lo menos 11 juegos en ocho de sus siguientes nueve temporadas, alcanzando su pico más alto en 1993, con récord de 20-6 y 2.86, más 18 juegos completos.

Antes había ganado 13 partidos en 1986 y otros 13 en 1987, 12 en 1989, 18 en 1990, 16 en 1991 y 16 en 1992, antes de los 20 en 1993, que es el año de mayor explosión ofensiva en los Pomares debido probablemente al bate campana.

Al final se retiró con marca de 151-76 y 2.50 en 1,695.1 innings. Y con la Selección no fue tan afortunado porque siempre le tocó Cuba, Estados Unidos y Japón.

Sin embargo, como dijo en una ocasión el también destacado lanzador pinolero, Germán Espinoza, «va a ser difícil que el Bóer vuelva a tener un brazo de ese calibre».

Aún lo sigue buscando.

Edgard Rodríguez en Twitter: @EdgardR

 

Deportes Barney Baltodano Indios del Bóer Julio Moya archivo

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