¿Será posible otro Abril?

Hoy, 18 de abril, hace dos años que se encendió la chispa de la gran rebelión popular cívica y democrática de los estudiantes y los ciudadanos nicaragüenses.

La insurrección se desencadenó por la desmesurada represión del régimen contra las protestas pacíficas de grupos de personas de la tercera edad, estudiantes y otros ciudadanos en las ciudades de Managua y León. La gente levantó barricadas y tranques para defenderse de la represión de la dictadura, que fue “con todo” contra los ciudadanos desarmados, dejando centenares de muertos, encarcelados y torturados y alrededor de cien mil exiliados. La dictadura cometió un genocidio, un crimen de lesa humanidad, como lo calificaron los organismos internacionales de derechos humanos, que hasta ahora está pendiente de ser debidamente juzgado y castigado.

La rebelión democrática fue ahogada en sangre por la dictadura, pero las brasas de aquella hoguera insurreccional siguen encendidas. Muchos ciudadanos mantienen la resistencia democrática activa en diversas formas, incluso en la situación de emergencia creada por la pandemia, sencillamente porque las causas del alzamiento popular se mantienen allí, incluso peores que en abril de 2018.

El relato falaz de la dictadura, de que lo ocurrido en abril de 2018 y meses siguientes fue una intentona de golpe de Estado, nadie lo cree, por mucho que los funcionarios y sicarios del régimen lo repitan dentro y fuera de Nicaragua exhibiendo no solo su falsedad sino también su torpeza política.

Lo de abril de 2018 fue un estallido de rebeldía de los estudiantes y el pueblo por la falta de libertad, democracia y Estado de derecho. La gente se insurreccionó porque no hay elecciones libres y limpias, ni alternabilidad en el poder, ni justicia independiente, ni decencia parlamentaria, ni honestidad en el manejo de los recursos públicos, ni rendición de cuentas de los gobernantes, etc. Los ciudadanos se rebelaron contra una dictadura que los puso bajo las botas de un ordinario comandante socialista del siglo 20 y el siglo 21.

Sin embargo, a pesar de que la represión sangrienta aplastó la rebelión de los ciudadanos, la causa del estallido insurreccional que fue la existencia de una dictadura con todas sus lacras económicas, políticas y morales, no ha sido removida y ahora es todavía peor. Todo lo que motivó a los ciudadanos a rebelarse en abril de 2018 sigue allí, empeorado.

¿Significa, entonces que en algún momento, tarde o temprano, podría haber otra insurrección como la de abril de hace dos años? Es altamente probable que sí, aunque no necesariamente tendría que ser igual que en 2018.

Es posible que haya muchos ciudadanos que quisieran volver a levantar tranques y barricadas, inclusive tener armas para organizar una insurrección armada. Pero no hay condiciones de ninguna clase para eso. El camino que se debe seguir para quitar a la dictadura del poder es cívico y pacífico. Es obligar al régimen a permitir elecciones libres y limpias. Igual que en 1990, las trincheras, barricadas y tranques contra la dictadura deben ser ahora las urnas electorales.

Editorial Abril Crisis en Nicaragua protestas archivo
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