En uno de los versos de La tierra baldía (1922) del célebre poeta Thomas S. Eliot, Nicaragua se identifica: “Abril es el mes más cruel”. Es la fecha que nos recuerda las sangrientas páginas de la nueva dictadura, es el mes en que, según Eliot, engendra lilas de la tierra muerta. Abril es resistencia, dolor, empatía, ausencia de justicia y democracia, anhelo de libertad.
Al llegar a dos años del inicio del fin de la dictadura Ortega-Murillo pienso en las víctimas: asesinados, desaparecidos, presos políticos y los que estamos exiliados. Abril nos recuerda el dolor de las Madres de Abril: de la madre de Richard Pavón (la primera en llorar por esta tiranía); de la mujer que pidió ayuda al ver a Marcelo Mayorga con su tiradora, tirado en el suelo; de la madre de Álvaro Conrado que hoy pudo haber estado en la Universidad; de la madre de Gerald Vásquez.
Pienso en esa Nicaragua ensangrentada, golpeada por las turbas, militarizada por órdenes del Carmen. ¿Es que acaso abril es el mes de las tiranías? Por allá, en 1905, cuando ya Darío dijo: “Líbranos, Señor, de abril”. Nuestro abril es pacífico y cívico frente al abril de las armas de guerra que traspasaron barricadas, tranques y universidades.
Nuestro abril de 2018 anticipó el invierno torrencial del dictador y su consorte: la orden “Vamos con todo”, “Operación Limpieza”, “Plomo 19”. Pero abril no solo nos debe recordar el inicio de esta resistencia de los estudiantes universitarios y el gran apoyo que vino después de la inmensa mayoría de la población; nos debe evocar el inicio de una nueva democracia: la que cuestiona, la que critica, la que pide cuentas, la que controla a quienes pretenden ser los funcionarios del mañana. Hemos finalizado la “tentación de la indiferencia”, en palabras del obispo Rolando Álvarez: inaceptable.
Esta fecha debe lanzarnos hacia el desafío de volver a los orígenes de nuestras demandas: justicia y democracia. Ese es el norte estratégico de esta lucha para fundar la república. Es momento de aprovechar la ineptitud del régimen frente a la pandemia del Covid-19. Es el momento oportuno en el que como nicaragüenses sigamos demostrando que estamos dispuestos a cambiar de régimen y sistema.
Es el momento de reinventar la oposición, cambiar las estrategias y darle una respuesta a la población nicaragüense. De no hacer nada frente a la actual pandemia y ante la falta de justicia y libertad en el país, no solo se preguntarán que dónde está el dictador, también nos preguntaremos dónde está la oposición de los comunicados de rechazo y condena.
El poeta y sacerdote Ernesto Cardenal escribió: “En abril los mataron”. ¿Estamos dispuestos a ver otro genocidio por culpa de Ortega-Murillo?
El autor es estudiante universitario.