Este domingo se cumple un año que el adolescente Junior Gaitán suplicó por su vida estando de rodillas ante un policía orteguista que no tuvo piedad y le disparó en el pecho, en Masaya. Este fue el primer cadáver llevado a la casa cural de la parroquia San Miguel y el inicio de uno de los meses más horribles que sufriría esta ciudad por la crueldad del régimen orteguista.
El sacerdote de la iglesia San Miguel, Edwin Román, recuerda que además de Gaitán, ese mismo día también fue asesinado Donald López, quien desafío a la policía que le apuntaba con el arma: “Si lo vas a pegar, pegalo”.
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A los segundos un balazo le entraba en el pecho y acababa con su vida cerca del mismo templo.
Después de estos dos sucesos, la sangre siguió corriendo en la ciudad producto de los ataques brutales ejecutados entre paramilitares y policías. Uno de estos ocurrió el 19 de junio, que según el recuento de la Asociación Nicaragüense pro Derechos Humanos (ANPDH) dejó al menos seis muertos y 35 heridos, siendo el más dramático el de Marcelo Mayorga: su cuerpo tirado en el pavimento, sin vida, con una tiradora en la mano mientras dos mujeres gritan por ayuda. Nadie llegó.
Dos días después se ejecutaba con furia otro ataque orteguista contra Masaya. Para que no terminara en una masacre, el nuncio apostólico Stanislaw Waldemar, el cardenal Leopoldo Brenes y otros obispos llegaron a la ciudad para pedir cese al fuego que había cumplido más de cinco horas.
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Sobre los ataques en junio del año pasado, Román reconoce que “fue muy duro para Masaya. Tantas cosas, uno se llenó de llanto, dolor. Yo pasé más de un mes durmiendo con ropa, porque uno normalmente se pone su pijama para dormir, porque dos o tres veces tocaban la puerta para atender a un herido junto a los paramédicos que estaban en la casa cural”.
La Asociación pro Derechos Humanos de Nicaragua registra 35 asesinatos por la represión en 2018.
Masaya, ciudad ocupada
Según el político opositor y oriundo de Masaya, Eliseo Núñez, la ciudad “es como que está siendo ocupada por un ejército extranjero. Los policías en la calle son gente para causar miedo”.
La placita de Monimbó es uno de los sitios de la ciudad que permanece vigilado por policías. Esta presencia ha ahuyentado a los ciudadanos.
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“Vos ves que la estación (vieja de ferrocarril) todos los días tiene una fiesta, todos los días inventa algo. La Alcaldía (orteguista) lo que hace con eso es una especie de burla. La Policía patrulla todo el día, te miran con odio y la gente también así los ve”, dice Núñez.
325 personas asesinadas en Nicaragua constató la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en el contexto de las protestas contra el régimen de Daniel Ortega.
Trauma de familiares
El sacerdote de la parroquia San Miguel, Edwin Román, dice que hasta donde él llegan algunas personas cuyos familiares fueron asesinados por el régimen orteguista. “Lo primero que hacen es abrazarme y llorar. Yo entiendo que tienen que hablar para desahogarse y es una marcha para toda la vida, nunca espera uno que le maten a un familiar de un disparo”, explica. Román ha sido uno de los religiosos que más ha condenado la represión y que no le ha cerrado las puertas a los ciudadanos que han protestado en Masaya.
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Raíz de la protesta social
El 18 de abril de 2018 estallaron las protestas sociales contra el orteguismo. Ese día se realizó un plantón en León y otros dos en Managua (Camino de Oriente y el portón principal de la Universidad Centroamericana) por las reformas al Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS).
Las tres concentraciones fueron atacadas por fuerzas de choque y la Policía y dejó robo y personas heridas; pero en vez de crear temor en los manifestantes y abandonar la lucha, al siguiente día se reclamó con más intensidad. Estudiantes de otras universidades se sumaron a las protestas y el régimen reprimió con brutalidad. Al final del día ya habían caído los primeros muertos. Los organismos internacionales de derechos humanos han reconocido el desproporcionado ataque y han informado que se cometieron crímenes de lesa humanidad.