La revolución y el terror

En sus declaraciones para el canal estadounidense de televisión Fox News, Daniel Ortega reconoció que en Nicaragua se vive un “auténtico terrorismo”.

El régimen de terror impuesto por la dictadura orteguista ha dejado más de 350 personas asesinadas y dos mil heridas, decenas de desaparecidos y centenares de presos, secuestrados y perseguidos por la Policía y fuerzas paramilitares.

LA PRENSA publicó ayer la denuncia del secretario ejecutivo de la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos (ANPDH), Álvaro Leiva Sánchez, de que en menos de las anteriores 24 horas 750 personas fueron secuestradas por policías y paramilitares. El mismo día se informó de tres personas más exterminadas en el barrio Sandino de Jinotega, y en Managua, una joven brasileña estudiante de Medicina fue asesinada por paramilitares que dispararon contra el carro en el cual se movilizaba.

De manera que Ortega fue franco en su entrevista con Fox News al decir que Nicaragua vive una situación de “auténtico terrorismo”.

En un reportaje titulado Terrorismo “a la Ortega” en Nicaragua, publicado en LA PRENSA del domingo 22 de julio, se dijo que “el concepto de terrorismo viene del terror de la Revolución francesa, es decir, el terror perpetrado por el Estado”. Pero según los historiadores políticos, el padre intelectual del terror como política de Estado fue el italiano Nicolás Maquiavelo (1469-1527), para quien el gobernante debe ser temido antes que amado.

El terror revolucionario en la Revolución francesa (1789-1799) fue instituido por Maximiliano Robespierre y Jorge Jacobo Dantón. “Sin la virtud el terror es funesto, pero la virtud sin el terror es impotente”, sentenció Robespierre y agregó que “es cruel ser débil y es criminal ser indulgente”. Por su parte Dantón proclamó que los revolucionarios debían “ser terribles para dispensar al pueblo de ser cruel”.

Desde entonces el terror ha sido característico de las revoluciones y modo de gobernar de las dictaduras revolucionarias, tanto de izquierda radical como de extrema derecha. En todas las revoluciones, con rarísimas excepciones, se ha aplicado el terrorismo de Estado a los opositores y disidentes, en particular a aquellas personas que por cualquier razón son acusadas de contrarrevolucionarias.

La Revolución bolchevique de Rusia en 1917; la social fascista italiana de 1922; la nacional socialista o nazi de 1933 en Alemania; las revoluciones comunistas en los países de Europa Central y del Este que impuso el Ejército soviético al terminar la II Guerra Mundial; la china de 1949; las coreana y vietnamita; la cubana en 1959 y la Revolución sandinista en Nicaragua, en todas ellas se practicó en distintos grados —y en algunas de ellas se practica todavía— el terror revolucionario.

Las revoluciones han producido algunos beneficios sociales para los pueblos, eso es innegable, pero el precio que se ha tenido que pagar es terrible: terrorismo de Estado, eliminación de la libertad y la democracia, violación despiadada de los derechos humanos.

Editorial Crisis en Nicaragua Daniel Ortega archivo
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