Masaya siempre ciudad heroica

Masaya, además de ser la cuna del folclor de Nicaragua, la cuna de las artesanías y la Ciudad de la Flores, ha sido siempre una ciudad heroica, un baluarte de la defensa nacional y en esta ocasión de la insurrección azul y blanco, nuevamente se ha distinguido por su ingeniosa rebeldía, que ni la represión brutal y sistemática del régimen ha logrado doblegar. Masaya merece nuestra solidaridad.

Previo a la Guerra Nacional 1856-57 cuando William Walker se apoderó de Granada y se autoproclamó presidente, fue en Masaya donde se organizó la resistencia y la defensa de nuestra soberanía, siendo el prefecto del Departamento Oriental mi tatarabuelo Pedro Joaquín Chamorro Alfaro, quien lanzó allí su histórica “Proclama Patriótica”, arengando a luchar contra Walker, a pesar de que este tenía de rehenes en Granada a su familia.

“Si para lograr tan noble objeto fuese necesario derramar la sangre de mi familia y amigos que allí existen, sangre adorada para mí, en buena hora si ella sirve para regar el árbol de la independencia, marchad pues que el triunfo será vuestro”, dijo entonces en Masaya, un 19 de octubre de 1855 en su proclama.

Fue precisamente en Masaya, y más específicamente en el barrio de Monimbó, donde se dio el primer grito insurreccional contra la dictadura somocista en el primer aniversario de la muerte de mi padre, en un pequeño parque ubicado en el barrio Magdalena, frente al Colegio Salesiano, parque que hoy lleva su nombre y es el foco de otra insurrección: la insurrección azul y blanco para que Nicaragua vuelva a ser República.

Fue en Masaya donde miles de combatientes antisomocistas liderados por el Frente Sandinista se replegaron de los barrios orientales de Managua un 27 de junio de 1979, en una brillante acción militar que dislocó a la guardia somocista y que se conmemora año con año, degradándose con el correr de los años a una fiesta etílica y de culto a la personalidad.

Creo que el año pasado vimos la última edición de ese falso “Repliegue” y que este año en Masaya no habrá nada que celebrar. El único repliegue que el pueblo de Masaya quiere ver es el repliegue del poder de la pareja dictatorial, que desde el 19 de abril ha teñido con la sangre de 120 hermanos nuestro glorioso pendón bicolor.

Ha sido en Masaya también donde pasado el fin de semana se produjeron dos ejecuciones sumarias frente a testigos. La del niño Junior Gaitán, de 15 años, quien de rodillas suplicó por su vida y aún así le dieron dos disparos y la del joven Donald López a quien después de despojarlo de un tubo lanzamorteros una policía le dio un balazo en el corazón cuando el joven, en un arranque de valor la increpó: “Si me vas a matar, matame” y ella no vaciló en jalar el gatillo.

Masaya tiene un lugar preeminente en el corazón de todos los nicaragüenses y cuando toda esta pesadilla haya pasado, será el momento de reconocerlo en la nueva República.

El autor es periodista, exministro y exdiputado.

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