Luisa Martínez dejó Nicaragua hace catorce meses para ir a trabajar a Bélgica donde cuida cuatro niños. La noticia de la muerte de su hijo Juan Carlos López Martínez y estar tan lejos la lleva a decir que ella también se siente muerta en vida.
Desde Bélgica a través del hilo telefónico Martínez demandó justicia por el crimen cometido contra su hijo, en abril pasado en Ciudad Sandino.
López Martínez es uno de los más de 40 fallecidos en el país registrados por organismos de derechos humanos por la represión gubernamental a las manifestaciones entre el 18 y 22 de abril.
Martínez relató que cuando conoció la situación de represión y violencia que enfrentaba el país, ella pasaba mucha angustia por la suerte de los nicaragüenses.
Relató Martínez que se calmó cuando su hija le dijo “no te preocupes que tu hijo va a acostarse a su casa”. Sin siquiera imaginar que “a los quince minutos me llamó que me lo habían matado”.
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La denunciante se refiere a que su hijo había dejado la casa de su hermana María Graciela Martínez, con quien había cenado y minutos después ya estaba muerto.
Martínez denunció que según conoció por su hija que su hijo pudo haberse salvado, si hubiese recibido atención médica de inmediato en el hospitalito de Ciudad Sandino, donde no lo quisieron atender porque había una orden de no atender a heridos de bala.