Continuando con el tema de la educación de los hijos quisiera comenzar explicando que la corrección puede ser corrección verbal, castigo restrictivo y castigo físico y reconociendo que la formación de los hijos es tarea difícil para todos, es un trabajo constante, continuo y debemos utilizar todas las herramientas posibles para lograr llevarlos hacia donde Dios quiere que los llevemos, pero para ello podemos apoyarnos en muchos elementos como: incentivar, animar, enseñar, comunicar, testimoniar. Pero, además, formar con autoridad incluye la disciplina física.
Al respecto, las Escrituras nos revelan cómo dar corrección. En Hebreos 12: 5-8, 11, se nos dice: “No debemos menospreciar la corrección, ni desanimarse cuando te reprendan, porque el Señor corrige a los que ama y castiga a aquel a quien recibe como hijo…” “Ningún castigo es agradable en el momento de recibirlo, sino que duele; pero si uno aprende la lección, el resultado es una vida de paz y rectitud”.
Como vemos, el impartir disciplina es un signo de amor del padre al hijo. Si no se le disciplina se siente como que no perteneciera a nadie y eso afecta su imagen de sí mismo, el hijo es el principal discípulo nuestro y como tal debemos formarlo en amor a Dios y buenas costumbres. Debe nacer de un corazón lleno de amor por el hijo.
En la actualidad el hecho de disciplinar físicamente se ha desvirtuado por la sociedad por muchos abusos que se han cometido.
Por esta razón la sociedad está creando formas de protección, creando los famosos “Derechos de los Niños” y leyes que castigan a los padres que desean formar a sus hijos de la forma adecuada, yéndose al extremo hasta de no permitir castigos físicos, dejando que los hijos hagan lo que quieran”.
Contrario a lo que dice la sociedad, en las escrituras nuevamente encontramos muchos pasajes que nos dicen claramente que debemos disciplinar a los hijos para formarlos correctamente. Por ejemplo: “Quien no corrige a su hijo, no lo quiere; el que lo ama, lo corrige”, “Corrige a tu hijo mientras aún puede ser corregido, pero no vayas a matarlo a causa del castigo”, “A golpes y represiones se aprende, pero el hijo consentido avergüenza a su madre”, “Corrige a tu hijo y te hará vivir tranquilo, y te dará muchas satisfacciones” (Prov. 13:24, 19:18, 29:15, 29.15, 29:17)
Y en Eclo. 30:1-13 nos dice: “El que ama a su hijo no deja de castigarlo, y al final encontrará en él su alegría. El que educa a su hijo quedará satisfecho, y ante sus conocidos estará orgulloso de él. El que instruye a su hijo causa envidia a su enemigo, pero ante sus amigos se mostrará contento de él… El que mima a su hijo, después tendrá que vendarle las heridas, y al oírlo gritar se le partirá el corazón. Caballo sin amansar se vuelve terco, el hijo dejado a sus anchas se desboca. Sé blando con tu hijo y te hará temblar; bromea con él y te hará llorar… Mientras es joven, haz que se someta, y dale azotes mientras es muchacho, para que no se obstine y se rebele contra ti y te cause grandes disgustos. Corrige a tu hijo y somételo con energía, para que en su necedad no se rebele contra ti.
En estas lecturas, nuevamente las Escrituras nos dan gran sabiduría en la disciplina a los hijos y nos muestran claramente las consecuencias de la falta de disciplina en ellos.
La próxima semana concluiremos con este tema de la formación de los hijos.
El autor es miembro del Consejo de Coordinadores de la Ciudad de Dios.
[email protected]