Bill Stewart llegó a Nicaragua para cubrir la insurrección que condujo al triunfo al pueblo nicaragüense, y a las arcas de la nación a la mayoría de quienes se proclamaron dirigentes de la revolución, la que también se robaron. Bill Stewart fue asesinado por la Guardia Nacional de Somoza Debayle el 26 de junio de 1979, y su cuerpo saltó por los aires a consecuencia de un balazo cuando se encontraba indefenso contra el suelo.
Hace pocos días, cuando la insurrección de abril de este sangriento 2018, el periodista Ángel Eduardo Gahona tomó el relevo de Bill en el aire, pues fue asesinado en idénticas condiciones que Stewart, pero esta vez por los matones de la pareja presidencial. Ángel fue asesinado por la Guardia Nacional de Somoza, y Stewart por matones del Gobierno. No me estoy equivocando, los asesinos intelectuales y materiales de ambos, son los mismos.
Si una Comisión de la Verdad —con el tramposo objetivo de dar largas a la impunidad— es convocada por un Rey de la Mentira, no necesitan ser avalados por la Asamblea Nacional para conocer de antemano las amañadas conclusiones. Esa Comisión de la Verdad no puede ser más que una provocación a familiares de más de setenta mártires y a todo el pueblo. Una burla a la Iglesia católica, que esa sí, en verdad aspira a un diálogo que nos lleve a una paz digna, es decir, sin esta pareja presidencial que lo que lleva a mesas de negociaciones, son cartas marcadas bajo sus mangas. Cartas llenas de sangre, para que queden los cuerpos de los muertos, en el aire.
En una comisión así, no hay que confundir a “notables” con “intachables”. Los primeros pueden ser unos notables sinvergüenzas, y más si caen en las redes del convocador. Los segundos, para ser intachables, tienen que ser incorruptibles. Son inconvocables por un rey de la mentira. Este asunto es muy parecido a los jóvenes de abril que se autoconvocaron en su erupción de honestidad, y nunca serán arriados a cambio de prebendas o por el temor de perder sus trabajos. En sus almas volcánicas ya no había lugar para el sometimiento. Ya no aguantaron más. Solo había erupción y muertos en el aire.
Ante asesinatos y torturas vimos llorar a monseñor Silvio José Báez, quien vio las uñas arrancadas de cuajo mediante torturas, y los moretones en los cuerpos, y cuerpos sin vida. Se necesitan agallas para estremecerse hasta el llanto mismo como lo hizo monseñor Silvio José Báez y cómo exteriorizan su dolor los miembros de la Conferencia Episcopal. Para ello hace falta ser intachable.
Las similitudes entre Somoza Debayle y el actual, son interminables. Hasta el mes de abril los reúne, pues hace 64 años el primero, Somoza Debayle, se hizo célebre por los Sucesos de Abril de 1954, en los que, entre otros, murieron asesinados Pablo Leal, los Báez Bone y tanto otros, que a pesar de todo no alcanzaron la cifra de esta pareja presidencial, en este amargo abril de 2018. Y ocurrió una cosa curiosa, digna de la Comisión de la Verdad del Rey de la Mentira.
Por estafar al pueblo, y con engaños a un verdadero intachable, el lunes 30 de abril los danielistas con argucias hicieron subir a la tribuna del jolgorio presidencial, al comandante de la Revolución Víctor Tirado López, quien desde hace años adversa reelecciones, recursos y métodos de los gobernantes, pero que padece de una enfermedad que lo hace vulnerable a la instrumentalización despiadada de la que quisieron hacerlo objeto. El hecho lo denunció su hijo Andrés, pero Víctor, además, transmitió con silenciosa dignidad, la verdad que siente y viene diciendo desde el 2013: “Si trata de reelegirse, va a quedar sepultado”.
El autor es escritor. Extremadura, Masatepe.