Usualmente, sin querer, nos hemos encontrado debatiendo con una persona inconvencible. De esas que se sienten con el poder de dar cátedra sobre algún tema y no atiende de razones, por más que se les ofrezca argumentos certeros y la realidad se les imponga. Jared Friedman, coautor del estudio y doctorado en comportamiento organizacional, explica que “algunas personas religiosas se aferran a determinadas creencias porque estas concuerdan con sus valores morales”, y por eso son más tendentes al inmovilismo. Por su parte, los defensores de pensamientos no religiosos son muchas veces incapaces de ver algo positivo en aquello que contradice sus conclusiones, según explica en un artículo publicado en la revista Buena Vida, de El País. Para poder convencer a una persona inconvencible hay que preguntarle cómo se siente para tratar de delimitar los principales puntos de tensión. El objetivo debe saber qué es, en concreto, lo que molesta de nuestra opinión. También “hay que expresar los sentimientos propios, las necesidades, pero sin enjuiciar al otro”.
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