No hay duda que en el mundo todo tiende a la homologación de prácticas y estándares. En relación con el tema de Seguridad y Salud Ocupacional (HSE), los estándares de la OSHA (Agencia de Seguridad y Salud Ocupacional de EE. UU) han venido convirtiéndose poco a poco en la referencia global, guste o no a quien así lo sienta.
La explicación del porqué de la adopción voluntaria de estos estándares -en relación con sus aspectos técnicos- es bien sencilla. Esta institución se encarga de la puesta en vigencia de los parámetros normativos sobre la absoluta mayoría de equipos, dispositivos, procedimientos y prácticas de trabajo sobre tareas y actividades que pueden generar incidentes laborales.
OSHA no actúa solamente como un gendarme y autoridad encargada de emitir multas en EE.UU -las cuales por cierto siempre son punitivas y expresadas en elevados montos-, sino que también se coordina con supra instituciones vinculadas como el NIOSH (National Institute for Occupational Safety and Health), entre otras, las cuales se dedican permanentemente a la investigación sobre HSE, contando con un catálogo actualizado de estándares que va cubriendo las necesidades, según la evolución de los procesos productivos, nuevas industrias y tecnologías, así como la correspondiente complejidad incremental de actividades y circunstancias.
Le puede interesar: Déjese de eslóganes baratos
Es significativo el hecho que un elevado número de empresas multinacionales que operan en nuestros países –en Nicaragua también– exigen ahora que los programas de capacitación y asesorías en HSE para sus filiales locales, tengan como marco de referencia estos estándares de OSHA, así como la correspondiente acreditación certificada de los profesionales encargados de ejecutar estas formaciones y asesoramientos.
Lea además: Las pymes y el servicio de calidad a los clientes
Solamente como una referencia, en los últimos 17 años, OSHA emitió un total de 16 estándares para diversas operaciones, procesos y actividades, que han sido adoptadas en su totalidad como una referencia mundial, no solamente por las empresas más competitivas del planeta (listado Fortune 500), sino que también por países enteros, que como en el caso de Singapur, manejan “estándares espejo” en relación con los de OSHA, adoptándolos tal cual fuesen estándares nacionales.
¿Tiene sentido esto? Por supuesto, por la facilidad, conveniencia e indudable respaldo técnico científico en la producción de los estándares. Hay que ser claros que la homologación de normativas y prácticas referenciadas lleva rápidamente a una implementación de los estándares para la mayoría de las empresas que tienen una visión de HSE como un sincero valor empresarial, lo cual puede considerarse lo normal en compañías de clase mundial.
Lea también: “Publish or perish”
Se deduce entonces, que la ventaja que conlleva la contratación de un asesor o capacitador certificado por OSHA es que su empresa podrá tener siempre un estándar o una referencia específica para cualquier operación de cada proceso productivo imaginable, no solamente en lo correspondiente a la pasmosa superficialidad de los Equipos de Protección Personal (EPP), que mayoritariamente es vista como la norma única de protección, descuidando u omitiendo las medidas basadas en la Jerarquía de Control de Peligros: Eliminación, Sustitución, Controles de Ingeniería, Métodos Administrativos, y hasta por último -por ser lo menos efectivo- el EPP, puesto que siempre estará en función de una voluntad autónoma del trabajador, la cual como se sabe, muchas veces tiende hacia su omisión.
En Nicaragua, es importante entender que marchamos ineludiblemente hacia la globalización de estos estándares. No hay que confundir la aplicación de la Ley 618 de Higiene y Seguridad -la cual contiene una colección de expectativas, lineamientos administrativos, multas y medidas mínimas o de línea base de HSE, (que es su verdadero cometido)- con la vastedad de estándares y referencias (literalmente decenas de miles si se toma como referencia el 29 CFR 1910 OSHA General Industry Regulations & Standards publicada en enero 2018), la que es considerada como la Biblia de HSE.
También puede leer: ¿Cuál es nuestra propuesta única de valor?
Para las empresas nicaragüenses, incluso para aquellas en un nivel incipiente de desarrollo, es fundamental volverse más selectivas en la contratación de los servicios profesionales de capacitación y asesoría. Es sabido que una de las debilidades que existe en la competitividad empresarial es el paradigma de contratar siempre “al más barato” o “al del precio solidario”, ya que esa práctica burda terminará siempre en la ancha avenida de la improvisación, la superficialidad, inefectividad y repetición de accidentes.
*Director ejecutivo de Cambio Cultural Consultores