Recordemos el diagnóstico del Banco mundial sobre el crecimiento económico de Nicaragua:
“La recuperación del crecimiento ha dependido sobre todo de la acumulación de factores, sobre todo de una creciente oferta laboral y en menor medida de la acumulación de capital. El factor trabajo ha sido el mayor contribuyente al crecimiento en los últimos 15 años. Esto está en consonancia con la disminución de las tasas de fecundidad y la expansión de la población en edad laboral en el país, junto con el aumento de las tasas de participación laboral femenina”.
¨ Puesto que Nicaragua está creciendo más rápido que otros países de renta media baja en Centroamérica, eventualmente los alcanzará. Sin embargo, cálculos gruesos muestran que tomaría 15 años para alcanzar el nivel del PIB per cápita de Honduras, 25 años el de Guatemala y 37 años el del Salvador. Por otra parte, tomaría 79 años creciendo a las tasas actuales para alcanzar a el PIB per cápita promedio de América Latina y El Caribe.
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La tasa de crecimiento económico puede descomponerse, por el lado de la oferta, en la suma de la tasa de crecimiento de la fuerza de trabajo y de la tasa de crecimiento de la productividad media del trabajo. Hasta ahora la tasa de crecimiento ha dependido, sobre todo, de la tasa de crecimiento de la fuerza de trabajo resultante del bono demográfico (aumento del peso de la población en edad de trabajar en la población total) y del bono femenino (incremento en la tasa de participación laboral femenina).
Lo que ha restringido el crecimiento de la economía ha sido, por lo tanto, el pobre desempeño del crecimiento de la productividad media del trabajo.
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En tanto la productividad media es un promedio ponderado, siendo el factor de ponderación el peso de cada actividad económica en la generación de empleo, en la medida en que porcentajes tan elevados del empleo continúen siendo generados por actividades de muy baja productividad e ingresos, la productividad media de la economía, y el ingreso promedio per cápita, continuaran siendo muy bajos.
Por el lado de la demanda, el crecimiento ha dependido del crecimiento de la demanda interna, alimentada por flujos de financiamiento externo extraordinarios, que han alcanzado a representar porcentajes importantes de la economía, pero que no han tenido el mismo impacto de crecimiento de las décadas de 1950-70, cuando flujos de financiamiento externo varias veces inferiores como porcentajes del Producto Interno Bruto, se tradujeron en tasas de crecimiento mucho mayores.
También contribuyó, por el lado de la demanda externa, el boom de las commodities de 2005-2013, y la reciente recuperación de la economía mundial.
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Sin embargo, no es fácil proyectar la continuidad, en las próximas décadas, de las tasas de crecimiento económico (mas que insuficientes) que hemos estado presenciando.
Por el lado de la oferta, las proyecciones sociodemográficas implican que, a medida en que se avance en el periodo final del bono demográfico, y se acelere el proceso de envejecimiento, el crecimiento de la fuerza de trabajo se comenzara a desacelerar, y esta desaceleración se ira acentuando hasta que el crecimiento de la oferta laboral se torne negativo.
En 10 años más la tasa de crecimiento de la población en edad de trabajar se habrá desacelerado en -0.7 puntos porcentuales y en 20 años será 1.2 puntos inferior a la tasa actual. Otra década más y dicho crecimiento se tornará negativo.
Por el lado de la demanda, será cada vez más difícil continuar atrayendo inversión en base a fuerza de trabajo barata y de baja calificación (la embajadora norteamericana lo ve con mucha claridad) y acceso semi-gratuito a los recursos naturales (muchos de los cuales se estarán agotando o estarán muy degradados), y los rendimientos marginales de la nueva inversión declinará con el tiempo.
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Por el lado de las remesas familiares, resulta difícil apostar a que las mismas continuaran creciendo indefinidamente: con el paso del tiempo.
Por supuesto, existe la salida de comenzar a promover, desde ahora, un proceso comprensivo de transformación estructural, tal que porcentajes cada vez más altos de la fuerza de trabajo sean absorbidos por actividades de mayor productividad e ingresos, de alta elasticidad ingreso de la demanda y elevada densidad de encadenamientos, al tiempo que se va desarrollando la capacidad del país de asimilar y adaptar, y eventualmente contribuir a generar, progreso técnico.