Una de las teorías más extrañas y debatidas, en el campo de la psicología de la personalidad, es la tesis de Freud sobre la castración y el complejo de masculinidad de la mujer.
Según Freud, psiquiatra checoslovaco, creador del Psicoanálisis, el complejo de masculinidad tiene lugar cuando la niña, en el trascurso de su desarrollo, se da cuenta que hay personas que tienen un pene y ella no lo tiene. “El descubrimiento de su castración es un punto decisivo en la vida de la niña”. Se siente dañada porque su cuerpo no es tan completo, como el cuerpo del niño.
Reacciona con un deseo vehemente de tener también un pene, con envidia hacia las personas que lo poseen y sentimientos femeninos de inferioridad.
Freud sostiene que la mujer es más vanidosa que el hombre, debido a la necesidad de compensar sus sentimientos femeninos de inferioridad. Su preocupación por la belleza y encanto físico, su ideal de ser la mujer más bella y atractiva, constituyen recursos de compensación de estos sentimientos de inferioridad.
De allí que la pérdida del encanto físico, con el correr de los años y el arribo a la vejez, se convierta en un desesperado mal para la mujer.
Según Freud, el deseo de tener un hijo varón constituye el deseo más fuerte de la mujer, “la madre puede transferirle toda la visión que ha tenido que suprimir en sí misma y puede esperar obtener, por su intermedio, el desquite que haya quedado en ella, de su complejo de masculinidad” (Freud. “La Psicología de las Mujeres” 1933).
La teoría de Freud sobre el complejo de castración y deseo de ser hombre de la mujer, es uno de los puntos más controvertidos de sus teorías sobre la psicología de las mujeres. Contradice las concepciones biológicas, según las cuales, las características morfológicas y fisiológicas de la mujer corresponden específicamente a los atributos propios de su sexo.
Además, Freud minimiza la importancia de los factores culturales en la formación del carácter de la mujer.
“El deseo de ser hombre, como lo ha hecho notar Alfred Adler, puede ser la expresión de un anhelo por aquellas cualidades o privilegios que en nuestra cultura se reservan al sexo masculino, como fuerza, valor, independencia, éxito, libertad sexual, derecho de escoger compañera” (Karen Horney. El Nuevo Psicoanálisis).
No podemos desconocer la importancia de los factores culturales en la psicología de la mujer. Las creencias y prácticas prevalecientes en la sociedad, influyen en el carácter o modo de ser de las personas.
Las condiciones culturales generan cualidades y facultades específicas, tanto en hombres, como en mujeres. Es por eso, que las características que reflejan el supuesto complejo de masculinidad de la mujer, varían según los diferentes países, culturas y sectores sociales.
Los sentimientos de inferioridad de la mujer, por ser mujer, no se derivarían de un supuesto complejo de castración física, sino de la cercenación social de los derechos, oportunidades y libertades que corresponden a todos los seres humanos por igual, sin distinción de sexo.
El autor es psicólogo, Orden Mariano Fiallos Gil, del Consejo Nacional de Universidades y Doctor Honoris Causa de la UNAN-Managua.
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