Literalmente su vida pende de una cuerda, ya que si esta se rompe, la muerte sería inminente. Ese es uno de los riesgos a los que se enfrentan los obreros de la minería artesanal en Santo Domingo, Chontales, donde las alternativas de trabajo escasean y la minería es la reina.
Jesnier Lazo Cano tiene 18 años: baja y sube en un estrecho hoyo a unos 45 pies de profundidad para buscar mineral dentro en un túnel donde no solo está falto de luz sino de aire.
Él es consciente que cualquier cosa puede suceder, y ya ha pasado; otros colegas mineros artesanales han muerto en plena faena cuenta Roberto Torres, quien también lleva siendo minero más de veinte años.
Sus instrumentos de protección son escasos. Lazo apenas tenía una lámpara en su cabeza para iluminar un poco su camino en las entrañas de la tierra.

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Los peligros son múltiples, pero los mineros explican que se obtienen grandes beneficios y además, aseguran que son pocas las opciones de empleabilidad que no sean referidas a la minería.
Ellos mueven el comercio en la pequeña localidad compuesta por más de doce mil habitantes, explicó Torres.
De acuerdo con el estudio de pequeña minería y minería artesanal elaborado por Centro Humboldt, un minero puede extraer de una tonelada de broza en promedio de 10 a 15 gramos de oro de 15 a 16 quilates, el cual se podría vender cercano a los setecientos cincuenta córdobas, apunta el estudio.
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En el mismo informe se señala que las personas prefieren la minería a actividades como la ganadería o la agricultura por las ganancias económicas que implica.

LAPRENSA/JADER FLORES
38 cooperativas de pequeños mineros y mineros artesanales se han identificado en el municipio de Santo Domingo, Chontales. Esta actividad es una de las más antiguas que se practica.