Los egipcios usaban las máscaras para recordar a sus muertos. Las hacían parecidas a sus fallecidos y las colocaban a la par del ataúd, a veces bañadas en oro. Los romanos también las hacían así, pero a diferencia de los egipcios eran unos actores quienes las usaban en el cortejo fúnebre, explica el doctor Lucio Gil en su investigación Máscara.
En Nicaragua fueron los indígenas los primeros en usarlas. Algunas de ellas están talladas en piedra. Ellos las usaban para adorar a sus deidades y realizar ritos religiosos.
“La máscara tenía, para quien la llevaba y para el espectador que contemplaba las ceremonias rituales, una especie de mimetismo religioso por el cual el hombre disfrazado con ella, se desfiguraba, perdía su personalidad y tomaba otra mitología o divinidad”, explica el investigador Julio León Báez en su libro La Máscara y su presencia en Nicaragua.
Con la llegada de los españoles a América, el concepto de las máscaras cambió porque ellos trataron de desaparecer las costumbres y tradiciones que tenían los indígenas.
Pero ante la resistencia que pusieron, las máscaras se transformaron y fue allí donde nacen los diseños actuales que son usados durante el baile del Güegüense, El Viejo y la Vieja, el Toro Huaco y otros bailes.
Según el libro de León, esta transformación ocurrió porque se prohibió el uso de las máscaras y los indígenas crearon nuevos diseños de máscaras con la cara de los españoles para poder usarlas. Varios reyes en la historia han prohibido el uso de las máscaras. El rey Carlos I fue uno de ellos. Él las prohibió porque resultaba peligroso el comportamiento de quienes las usaban.
En la historia reciente de Nicaragua surgen otros tipos de máscaras como las de los diablos, las de mitos y leyendas y hasta la máscara de cedazo que fue clave en la insurrección.


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Elaboración
El artesano Erick Mercado explica que el proceso de la elaboración de una máscara es tardado, puede tomar hasta una semana. Lo primero que se hace es elaborar el papel maché, una técnica donde se usa papel periódico o papel blanco y se remoja por varios días hasta que sale toda la tinta y luego se hace una mezcla hasta hacerlo pedazos tipo salpicón. Luego se almacena en recipientes y se mezcla con almidón. Después se comprime el papel y se coloca en los moldes para hacer las máscaras. Una vez diseñada la máscara se pone asolear por dos días y medios, dependiendo del clima y el diseño. Después se lija, se le aplica yeso y se pinta.



La producción fotográfica de esta galería estuvo a cargo del fotógrafo Oscar Navarrete y se utilizaron máscaras del el Taller De Máscaras “Los Diablos”, ubicado en Monimbó, Masaya.