Alas 5:30 de la tarde del domingo 7 de noviembre de 1976 ya estaba oscuro en las montañas de Zinica, en el municipio de Waslala. Estaba lloviendo y había neblina. Poco después de esa hora el teniente GN Francisco Cisneros, al mando de ocho guardias, se enfrentó a un grupo de sandinistas en un combate. No sabían cuántos guerrilleros eran, pero a la mañana siguiente, en cuanto amaneció, rastrearon la zona y encontraron dos cadáveres. A los guardias les llamó especial atención uno, de ojos azules.
Fue hasta horas después, cuando ya los cadáveres habían sido trasladados en helicópteros a otra zona que los guardias que lo mataron se enteraron que habían dado de baja a Carlos Fonseca Amador, el fundador del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), el mismo que después sería llamado el Padre de la Revolución Sandinista. El último sobrenombre de Fonseca fue Agatón, y con ese nombre lo conocía la Guardia cuando lo mataron.
Los guardias no lo podían creer porque al cadáver de Fonseca, el de los ojos azules, lo único que le habían encontrado era una escopeta de las que se usan para cazar palomas, con unos proyectiles para ese tipo de arma. Y también un radio en el que estaba sintonizada la radio Habana de Cuba. Así lo relató a LA PRENSA uno de los guardias que integraba la patrulla pero que pidió no ser identificado. “¿Cómo era posible que un comandante de esa talla hubiera andado con una escopeta?”, se pregunta el guardia.
El día que lo mataron, Carlos Fonseca andaba en compañía de otros dos compañeros. El otro cadáver que fue encontrado era de Benito Carvajal. El tercer guerrillero era el baquiano Crescencio Aguilar, quien logró huir pero unas horas después también murió emboscado por la Guardia.
El guerrillero sandinista Francisco Rivera, “el Zorro”, había estado con Fonseca pocos momentos antes de que se enfrentara a tiros con los guardias. En las memorias que relató al escritor Sergio Ramírez recuerda la despedida. “Tampoco olvido su estampa al irse: la barba de meses, poco desarrollada, sus lentes gruesos que le eran tan necesarios por la miopía, su uniforme verde olivo, sus botas altas, su escopeta automática calibre 12, su pistola Browning nueve milímetros de 14 tiros y una granada de fragmentación al cinto”.
¿Por qué Fonseca andaba en la montaña?
Carlos Fonseca, máximo exponente del sandinismo que luchaba para derrocar a la dictadura somocista, pasó bastante tiempo fuera de Nicaragua, principalmente en La Habana, explican sus excompañeros de armas, Hugo Torres, hoy general en retiro, y Moisés Hassan. Nadie le discutía su liderazgo pero al cabo de un tiempo los sandinistas que estaban en Nicaragua comenzaron a criticar a los que estaban fuera. Y Fonseca no se escapó de las críticas.
A la vez, surgieron diferencias entre la dirigencia del FSLN que estaba en el país, al punto que el movimiento guerrillero se dividió en tres tendencias.
A finales de 1975, Fonseca regresó a Nicaragua con la intención de reafirmar su liderazgo, para que lo vieran en acción y no solo desde lejos, pero también para lograr la unificación del FSLN. Pasó algunos meses en Managua y otras ciudades y para marzo de 1976 se internó en la montaña.
Para ese entonces Fonseca ya tiene más de 40 años y tenía miopía. Estaba casi ciego. Hugo Torres recuerda que para él, que era un joven en ese momento, la montaña era difícil y considera que Fonseca ya no estaba apto para estar enmontañado.
Culpas
Quienes más comenzaron a criticar a Fonseca, por estar fuera del país, fueron Pedro Arauz Palacios y Tomás Borge, recuerda Hugo Torres. A pesar de que Borge después exaltaba a Fonseca.
Henry Ruiz, el comandante Modesto, se encontraba en lo más profundo de la montaña, en los lugares más inaccesibles y hasta ese lugar quería llegar Carlos Fonseca, para iniciar la unificación del FSLN.
El general en retiro Humberto Ortega, en su libro La epopeya de la insurrección, explica que había contradicciones entre Henry Ruiz y Pedro Arauz, las cuales eran evidentes también en otros dirigentes. Por otra parte, según Ortega, Ruiz también estaba en contradicción con Fonseca porque este último había encomendado algunas misiones a Francisco Rivera, “el Zorro”.
Ruiz dijo a LA PRENSA que en esta ocasión prefería no hablar del tema de la muerte de Fonseca pero en una entrevista que concedió a Mónica Baltodano, para el libro Memorias de la lucha sandinista, afirmó que estando muy adentro de la montaña muchas veces no era informado de lo que estaba sucediendo.
“Sé que han querido hacerme responsable de la subida de Carlos (a la montaña) y de su muerte… Creo que detrás de esto se escondía la competencia por el mando en el Frente… Mi opinión es que Carlos no debió haber entrado nunca, debió estar afuera… Incluso, ¿por qué no me llamaron a mí? A mí nunca me plantearon nada, porque en el fondo lo que querían era colgar a Carlos allá en la montaña, y que ahí estuviera como yo, aislado, esa es la verdad”, se defendió Ruiz.
El exguerrillero Moisés Hassan considera que Carlos Fonseca no fue obligado por nadie a subir a la montaña y que las circunstancias de su muerte están relacionadas únicamente con su deseo de buscar la unidad del FSLN.
Poco después de la muerte de Fonseca, el propio Anastasio Somoza Debayle se refirió a la misma: “Los cubanos habían enviado a Carlos Fonseca en una actitud criminal a la muerte, porque era un hombre que sin anteojos estaba perdido y mandarlo a la montaña equivalía en esas circunstancias a querer deshacerse de él con el propósito de que la jefatura de la subversión recayera en manos de extranjeros”, dijo Somoza Debayle en un discurso divulgado por diferentes medios.
Un juez de mesta
La Guardia andaba en busca de Carlos Fonseca en la zona del río Iyas debido a pesquisas de Inteligencia. Los guardias que lo mataron habían sido avisados por dos jueces de mesta de que andaban guerrilleros en la zona de Boca de Piedra.
Uno de los guardias de la patrulla que mató a Fonseca relató que el 7 de noviembre llegaron a una “Y” en el camino y se dividieron en dos grupos, uno de ellos compuesto por ocho hombres y jefeado por el teniente Francisco Cisneros.
El grupo de Cisneros se encontró con un mulero quien les confirmó la presencia de los guerrilleros, por lo que decidieron esperarlos y se encontraron con ellos poco después de las 7:00 de la noche.
Ese mismo día la Guardia había matado en Managua a Eduardo Contreras, Carlos Roberto Huembes y otros dos sandinistas, Vladimir Reñazco y Róger Picado. La escritora Gioconda Belli relata que a ella le correspondió escribir los comunicados de prensa del FSLN reportando las muertes.
La comandante guerrillera Leticia Herrera comentó en una entrevista que ese día ella estaba con Daniel Ortega y lloró y lloró y Ortega trataba de calmarla dándole agua.
Hugo Torres y Moisés Hassan comentan que para ellos fue un día triste y que al principio no creían que era cierto la muerte de Fonseca, porque ya en otras ocasiones lo habían dado por muerto.
Esa vez sí fue verdad. Había muerto el fundador del FSLN en las montañas de Zinica buscando la unidad del movimiento.
Los restos del comandante
En noviembre de 1979, después del triunfo de los sandinistas, el cadáver de Carlos Fonseca fue localizado en Dipina, adonde lo había enterrado la Guardia y fue traído a Managua donde fue sepultado en el Parque Central en un mausoleo que se hizo especialmente para él. Ahora, ahí también descansan los restos del coronel Santos López, quien peleó con Sandino, y de otro fundador del FSLN, Tomás Borge Martínez.
En un reportaje de LA PRENSA, elaborado por la periodista Tammy Zoad Mendoza, el militar Irving Dávila comentó: “Fueron varios meses de búsqueda y cuando finalmente los compañeros a mi cargo me confirmaron el hallazgo, me comuniqué con Humberto Ortega, que estaba a cargo de la jefatura militar, y le propuse la exhumación del comandante Fonseca. Se autorizó y vino Roberto Sánchez a cargo de la misión. Debíamos tener los restos de Carlos Fonseca antes del 7 de noviembre (de 1979)”.
De la vida de Carlos Fonseca
En una ocasión en que cayó preso, Carlos Fonseca dijo que su nombre completo era Carlos Alberto Fonseca Amador, hijo de Fausto Amador Alemán, quien era administrador de los bienes de Somoza, y de la matagalpina Agustina Fonseca.
Indicó que era miembro del FSLN desde septiembre de 1962, que era revolucionario de izquierda y que luchaba para derrocar a la dictadura somocista.
Había nacido en junio de 1936 y se crió con su madre, quien “se ganaba la vida haciendo trabajos domésticos en casa de los ricos latifundistas de Matagalpa”.
El primero de abril de 1965 contrajo matrimonio con María Haydée Terán, con quien procreó dos hijos, Tania y Carlos.
Fue el mejor alumno durante los cinco años de secundaria y estudió Derecho en León.
El lado somocista
Carlos Fonseca era detenido por la Guardia Nacional pero en algunas ocasiones al poco tiempo salía libre. Lo que pasaba es que su padre, Fausto Amador, empleado de Somoza, abogaba por él. Los guardias vivían molestos porque les costaba capturar a Fonseca y luego Somoza lo mandaba a liberar, dice un exguardia que prefiere el anonimato.
Desesperado, en una ocasión el padre lo mandó a Guatemala pero Fonseca regresaba siempre a la insurgencia, se explica en un reportaje de la revista Magazine de LA PRENSA, en el cual Moisés Hassan dice que el propio Anastasio Somoza Debayle le ofreció a Carlos Fonseca todo lo que quisiera para que se retirara de la lucha armada, pero Carlos rechazó todas las ofertas.