Siempre he creído que en Venezuela se está jugando el futuro político de América Latina. El debate está centrado en la escogencia de un modelo cesarista, autocrático, totalitario y hegemónico, en donde la figura del príncipe o del caudillo se erige para aglutinar alrededor de él todos los poderes del Estado, degradante de los derechos humanos de los ciudadanos, corrupto y sanguinario, dispuesto a salir al frente a través de zarpazos y de doblegar a su antojo todo el andamiaje constitucional de la república, para solo dejar incólume la figura del dictador. O el modelo republicano, afianzado en la “República”, proveniente del latín república, “cosa pública”, “lo público”. Que se fundamenta principal y totalmente en el imperio de la ley (Constitución) y la igualdad ante la ley, con sus tres pilares fundamentales: La división de poderes; la participación política activa; la representación de todas las clases sociales dentro de las instituciones de gobierno con iguales atribuciones y prevalencia de ninguna.Más de cien días han pasado desde que el pueblo venezolano se lanzó a las calles para protestar contra un régimen dictatorial y oprobioso, dejando como resultado más de noventa muertos, un innumerable número de personas arrestadas y un promedio de trescientos heridos diariamente, causados por la Guardia Nacional Bolivariana.
El régimen se encuentra aislado tanto nacional como internacionalmente, caída la careta de revolucionario, lo que muestra es una pacotilla de asaltantes del Estado, que se mantienen unidos gracias a sus infinitos privilegios, la corrupción y el narcotráfico.
La puesta en “arresto domiciliario” de Leopoldo López, quien estuvo cuarenta meses injustamente encerrado, debe de verse como el intento de abrir una válvula de escape con el objetivo de desinflar la oleada de movilizaciones. La oposición debe de redoblar ahora el pulso al Gobierno exigiendo la liberación de todos los presos políticos encarcelados y frenar la convocatoria de las elecciones constituyentes fijadas para el día 30.
Todo puede ocurrir en Venezuela, el arresto domiciliar de López no detiene la constituyente, a menos que se abra un proceso de negociación (cosa que hasta el momento no se mira). La estrategia del gobierno es ganar tiempo bajando la presión, pero eso no significa que esté dispuesto a entregar el poder o a convocar a una elección general que defina la situación.
Maduro está consciente que ha perdido la batalla de la calle, que ha perdido el apoyo internacional, que ha perdido todo vestigio de revolucionario, a lo que juega es a evitar a toda costa, que la oposición venezolana convenza a los oficiales medios y a la tropa de que si la oposición llega al poder no los privará de los beneficios con los que han sido favorecidos. La oposición venezolana no puede caer en el error de que todo uniformado es un cómplice de las atrocidades del régimen. Nosotros en Nicaragua vivimos esa experiencia en el 79, al declarar a todo G.N. un cómplice de la dictadura, con esa cantinela se cometieron muchas injusticias y el país perdió una oportunidad de reconciliación.
Lo que cabe en Venezuela es un diálogo abierto entre las dos partes en disputa para evitar que el país caiga en el despeñadero. Estamos claros que dicho diálogo cuenta con enemigos en ambos bandos. Desde el momento que se anuncien los radicales trataran de estigmatizar a los valientes que se atrevan a desafiar dicha tarea.
Todo parece indicar que Leopoldo López sale de la cárcel reforzado, sin afán de revancha y proclive a la negociación. Una negociación que permita una salida democrática en la que todos los venezolanos salgan ganando, y en la que verdaderamente se instaure un régimen democrático, respetuoso de los derechos de sus ciudadanos y sujeto al imperio de la ley.
Si López logra sentar en la mesa del diálogo a lo más conspicuo de la oposición y al mismo tiempo logra que el gobierno comprenda que es la única salida que le queda, estaría demostrado que es el político maduro que ese país necesita y despejaría para siempre el destino democrático de este continente. Y el viejo aforismo “de la cárcel al poder” se cumpliría en su persona.
El autor es abogado.