Cuando Félix Maradiaga cruzó el río Bravo tenía solo 12 años. Lo cruzó nadando, y por mucho tiempo, confiesa, evitó hablar del tema, pero ahora él mismo lo cuenta: “Yo soy un ‘mojado’, broder”. Un “mojado” que a sus 40 años es un multipremiado empresario con maestría de Harvard, es miembro de Yale y fue elegido en 2016 como una de las personas más influyentes de Centroamérica.
Dice, sin embargo, que no le gusta usar la carta del “mojado”, el indocumentado, porque lo hace ver como víctima y él se siente “bendecido”. “Mi experiencia como ‘mojado’ me ha formado como profesional”, explica, “porque me permitió conocer el rostro de las personas más vulnerables. A mí me sería muy difícil tener el nivel de compromiso que tengo, honestamente, con la causa de la democracia, si no me hubiera tocado vivir esa experiencia por la guerra”.
En esta entrevista, Maradiaga, abiertamente opositor al gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo, analiza la actualidad política nicaragüense, donde ve un pacto entre el Ejecutivo y la empresa privada y un modelo “corporativista”; habla de las elecciones municipales y de la observación que hará la Organización de Estados Americanos (OEA); de la Nica Act y menciona también una supuesta amenaza que algunos sitios web como Nica Leaks hicieron a su persona.
Hace unos días usted tuiteó que a “agentes del FSLN les dio por publicar en redes sociales y en sus blogs de pacotilla” la dirección de su casa. ¿Qué sitios son y cómo lo toma?
Yo no le quisiera dar mucha atención a estas amenazas tontas. No soy la única persona en Nicaragua a la cual estas páginas, que no sé si tiene sentido mencionarlas acá, pero tal vez te refiero a una, Nica Leaks, y no es la única, que no sé con qué propósito a la hora de sacar noticias falsas hacen énfasis en mi dirección. Igual lo han hecho con Violeta Granera, con Suyen Barahona y con otras personas. No les quiero dar demasiada atención. No solamente porque son sitios sin ninguna credibilidad, sino también porque creo que es importante que sepan que no tenemos miedo. Que sepan que sabemos. Y que lejos de espantarnos de dar una opinión como la que he venido dando siempre, lo que hacen es que me convencen de que estamos haciendo el trabajo correcto como ciudadanos.
¿Son amenazas que provienen del Ejecutivo?
No tengo evidencia para decirte que son acciones que vienen directamente articuladas desde el Estado y del partido de gobierno. Sería muy irresponsable de mi parte decirlo. Sin lugar a dudas vienen de personas que están vinculadas al partido de Gobierno. Eso es obvio. El problema con los fanatismos es que el poder político puede estimularlos y no sabés hasta dónde llegan. Mis opiniones son públicas y son muy transparentes. Y no son las opiniones de alguien que milita en algún partido. Yo no milito en ningún partido político. Pero tengo mi opinión política como ciudadano y todos los ciudadanos deberíamos poder opinar con libertad. Sin embargo, tenés una serie de fanáticos que toman esas expresiones y las quieren magnificar. Y no sabemos dónde pueden llegar. Yo lo lamento mucho pero lo atribuyo más como fanatismo de base y no a la dirigencia formal del Gobierno.
Usted es un empresario exitoso abiertamente opositor a Ortega y Murillo. ¿Cómo es su relación con la cúpula del Cosep (Consejo Superior de la Empresa Privada)?
Yo no tengo una relación personal. Tengo una relación de respeto, profesional, y pues directamente con Chano Aguerri (José Adán Aguerri, presidente del Cosep) tengo una relación profesional de mucho respeto. Tengo relación de amistad con varios de los presidentes y dueños de muchos de los grupos importantes. Es una relación muy cordial y parte de esta cordialidad pasa porque hay mucha franqueza mutua. Las mismas opiniones que te puedo compartir a vos se las digo con mucha sinceridad a varias de las personas que son muy influyentes en los grupos económicos de este país.

¿Qué personas son esas?
No quisiera decir nombres, porque parte de esa confianza implica tener ese sigilo, digamos, de que si tengo una conversación con un empresario importante, no la voy a andar contando en los periódicos, pero lo que te quiero decir es que parte de esta relación de mutuo respeto, y no solamente con Nicaragua, sino con grupos empresarios de Centroamérica, es que yo les expreso mi preocupación por el rumbo que están tomando el sector privado de mayor peso en Nicaragua. Lo que se ha hecho es un pacto. Y cuando hablamos de pacto es una palabra desafortunadamente satanizada en Nicaragua, por la historia reciente con el pacto entre el Frente (Sandinista) y Arnoldo Alemán, pero la verdad de las cosas, como te decía, es que Nicaragua ha tenido 14 pactos políticos entre distintos grupos de poder, y es la forma en la que el país se ha gobernado históricamente. Si no queremos llamarle pacto llamémosle acuerdo. El 15 de diciembre de 2006 don Daniel Ortega salió de una reunión en Incae y dijo “aquí nace un acuerdo”, cuando hubo una encerrona de un día completo de los principales grupos económicos de este país con don Daniel Ortega. Ya era presidente electo.
¿Es un pacto que hemos visto durante 10 años?
Lo que existe con Daniel Ortega y el sector privado es un pacto más. Y lo digo más desde la teoría de la ciencia política, o sea, hay toda una literatura que estudia los pactos de las élites de poder, y podemos ver que este es un acuerdo que está dando efectos positivos en el corto plazo. Es un pacto que tiene un propósito de estabilidad nacional, de facilidad de hacer negocios y de respetar ciertas reglas de juego que le permita a los principales grupos económicos hacer su labor, que al fin y al cabo la principal labor de ellos es generar empleo y crecer económicamente. La gran pregunta es hacia dónde va este pacto, pero yo creo que no tengo ni la sabiduría ni el don de visión para saberlo. Hay mucha especulación. Pero hay países a los que les ha ido bien con sus pactos. La gran pregunta es si este pacto beneficia a las grandes mayorías o si va a suceder con el pacto de Arnoldo Alemán, que sé que no toma a bien estas palabras, pero el PLC (Partido Liberal Constitucionalista) terminó siendo un socio minoritario y fundamentalmente terminó con desmontar los modestos logros en instituciones que se habían logrado. Entonces hay que ver si este pacto entre el sector privado y el Frente Sandinista es un pacto que va a generar estabilidad a largo plazo. Yo creo que es una apuesta un poco arriesgada.
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Por ahora el oficialismo se jacta del crecimiento económico anual, entre 4.5 y 4.7 por ciento.
Tratemos de desagregar el análisis rápidamente en otros indicadores. El crecimiento económico promedio hay que medirlo en rangos de tiempo más largos: 10 años. Comparemos 2007-2017 con 1997-2006: el promedio de crecimiento es el mismo. Desde el punto de vista de cifras oficiales no ha habido un salto de rana. Se ha creado la ficción mediática de que veníamos de una etapa de decrecimiento económico y que de pronto subimos, pero el crecimiento promedio ha sido el mismo. Pero en elementos como productividad, reducción de la informalidad y mejora de empleo, el país continúa estancado. Entonces realmente el crecimiento económico es demasiado modesto para el potencial del país. Nuestro potencial, si lo comparás con los años 70, ni siquiera hemos llegado en varios de los productos agrícolas a las mismas capacidades de rendimiento que teníamos, pero a veces el poder propagandístico es así de fuerte.
“No podemos ni debemos ser ingenuos. Y la ingenuidad funciona en dos sentidos: uno es creer que la OEA te resuelve todo, pero es tan ingenuo como creer que la OEA no resuelve nada”. Félix Maradiaga, emprendedor.

¿Cómo son estos pactos? ¿Aguerri se sienta con Ortega y firman un acuerdo que afectará a toda Nicaragua por años?
Yo no conozco las interioridades, pero basado en la tendencia histórica de pactos entre élites en el país, estos pactos son tácitos. No suelen ser documentos de gran formalidad como el Protocolo de Transición de los 90, que era un tipo de pacto pero con cierto nivel de formalidad y público. Estos son arreglos de élites sobre acuerdos fundamentales.
¿Apuestan a la lealtad?
Más que a la lealtad le apuestan al beneficio mutuo. Y ese ha sido el error histórico. Es una suerte de corporativismo. Lo que existe en Nicaragua es un modelo corporativista, que es fundamentalmente cuando tenés facciones dentro del ecosistema de poder en un país que tienen la capacidad de hacer arreglos que determinan las reglas del juego de todo el sistema. Entonces en el país tenés facciones con esa capacidad de agencia: tenés a los militares, a la Iglesia católica, cada vez con menos poder de agencia; tenés al sector privado, sobre todo a las élites del sector privado; tenés al Frente Sandinista. Antes tenías al PLC en ese esquema, que terminó como socio minoritario. ¿Cómo terminará la cúpula del sector privado? ¿Terminará como socio minoritario también? Solo la historia nos va a responder esto.
Cambiando de tema, este año hay comicios municipales en Nicaragua. ¿Cómo analiza el panorama electoral?
Yo soy muy poco optimista pero creo que el optimismo es lo último que se pierde. Creo que hay un serio problema de autoexclusión. Es decir, el partido de gobierno claramente ha generado mecanismos para excluir la participación electoral de quienes no favorecen al Gobierno con su voto. Cuando decimos nosotros “no hay las condiciones”, eso no es por casualidad, es por diseño. Sin embargo, yo soy de los optimistas con la misión de observación de la OEA. Dentro de todo el panorama negativo es una luz de esperanza. Hay otro tema que mucha gente ignora. Me refiero a muchos analistas. El proceso electoral municipal tiene una dinámica muy distinta al nacional. En el municipal vos podés vivir en Río Blanco y el candidato es un vecino tuyo que vos conocés, lo podés ver, viste su trayectoria. Los candidatos presidenciales y a diputados son lejanos a la gente. El discurso del “no voto” para la dinámica municipal me parece que es inapropiado.
Pero los partidos políticos que participan son los que el Gobierno permite, como en 2016. Da la impresión que quitan y dan personerías jurídicas a placer…
Sí, tenés toda la razón. Es que yo no estoy diciendo que las condiciones para las elecciones son las óptimas. Lo que estoy diciendo es que según lo que yo he podido indagar con el tema de la OEA, es que se va a establecer una misión técnica de observación electoral de la OEA con más de 120 observadores. Esta misión va a cumplir con los parámetros técnicos de observación electoral que establece la OEA, no va a venir bajo las reglas del juego que le dicte el Consejo Supremo (Electoral). Y va a emitir un informe de observación electoral que va a reflejar no solo el camino previo a la elección sino el proceso mismo. Entonces yo creo que esta misión de OEA abre una oportunidad muy interesante para ir haciendo pequeñas conquistas en el ámbito electoral de cara a las elecciones de 2021. Porque hay dos formas de ver las cosas: uno es no participar del todo en las elecciones, ¿pero entonces cuál es la alternativa? Si vamos a esperar a tener elecciones más o menos libres y transparentes, en algún momento hay que empezar. Yo no quiero ser una voz que descalifica la participación de la OEA; todo lo contrario.
Se ha criticado mucho que la OEA es blanda con Nicaragua y fuerte con Venezuela.
Número uno, la OEA no es un bulldozer (excavadora) que puede llegar a un país y arrasar con todos los obstáculos a la democracia. El trabajo tanto de oposición como el institucional le corresponde a los nicaragüenses. Nadie le va a hacer a los nicaragüenses el trabajo que nosotros mismos no hagamos. A veces muchas de las voces críticas a la OEA tienen la desfortuna de no ver el entorno. Aquí en Nicaragua no estamos como en Venezuela. Eso es muy importante. Pero tan importante como eso es el hecho que la OEA no puede trabajar más allá de su mandato. Y en el caso de Nicaragua no hay un mandato más allá del que está consignado de cara a las elecciones municipales y al establecimiento de una misión permanente, que esa es otra oportunidad de la que casi no se habla: la OEA no vendrá a las elecciones, se montará a un avión y no regresa nadie, la idea es que quede una misión permanente y es una misión que según entiendo yo por una lectura acuciosa que he hecho de sus documentos, no solo se va a limitar al tema electoral; queda abierta la puerta para tocar temas de libertad de expresión, derechos humanos. Entonces la comparación con Venezuela es totalmente inapropiada, porque son dos dinámicas diferentes. Nicaragua no tiene una crisis humanitaria o de violencia política de la magnitud de Venezuela.
¿Pero no es ingenuo pensar que el binomio presidencial comenzará a soltar poder luego de amasarlo por una década?
No podemos ni debemos ser ingenuos. Y la ingenuidad funciona en dos sentidos: uno es creer que la OEA te resuelve todo, pero es tan ingenuo como creer que la OEA no resuelve nada. El ejemplo que yo he dado es como que estás metido en un pozo que cada día se está llenando más de agua. Y llega alguien y te lanza una cuerda, y decís: “Sabés, qué, esa cuerda es muy delgada, regresá cuando tengás una escalera”. O sea, lo que creo que no se está leyendo acá, es que Daniel Ortega y Rosario Murillo tienen un proyecto de autoritarismo que va avanzando a una velocidad agigantada y a la comunidad internacional no le interesa. Y en este momento la OEA es una de las pocas organizaciones que quiere generar algún tipo de incidencia en esos espacios, pero no va a ser ningún organismo internacional el que nos va a ayudar. Puede ser o puede que no, un mecanismo de ayuda, pero no va a servir de nada si no está acompañado por una serie de medidas que tenemos que hacer los nicaragüenses.
O los estadounidenses, con la Nica Act.
Yo tengo una posición muy clara con el Nica Act. Creo que de alguna forma es un poco penoso que tengan que ser voces internacionales que demanden lo que los nicaragüenses estamos demandando. Nada de lo que está en el Nica Act es una demanda que no ha salido ya de las organizaciones de Nicaragua que velan por la democracia. Lo segundo es que creo que con un mercadeo muy inteligente se ha creado la ilusión de que el Nica Act vendría a crear grandes problemas económicos para Nicaragua, y eso no es cierto. Los principales préstamos multilaterales para Nicaragua hasta el 2020 ya están aprobados. Estamos hablando de más de 600 millones de dólares multilaterales que ya están aprobados para el país y que no tocaría el Nica Act. Número dos: el mismo Nica Act excluye de sanciones todos los préstamos vinculados a temas sensibles como agua potable, salud y educación. En todo caso los préstamos que podrían quedar en riesgo serían los relacionados a infraestructura, pero suponiendo eso, Estados Unidos no tiene poder de veto, lo perdió hace años también. El verdadero efecto del Nica Act es el efecto psicológico que tendría sobre inversionistas. Eso pone nerviosa a la inversión. Y también a los grandes capitales de Nicaragua, particularmente a los capitales ligados a la banca, porque el Nica Act tendría medidas anticorrupción y la verdad de las cosas es que la plata venezolana ha venido a enriquecer muchos sectores en Nicaragua que los pondría bajo la lupa internacional. Pero yo quiero que quede bien claro que yo no apoyo el Nica Act. No porque su contenido no sea consecuente con lo que yo mismo he venido demandando, sino porque los nicaragüenses tenemos que resolver nuestros propios problemas. Pero el mismo Nica Act, aún aprobado, no tendría grandes implicaciones económicas, pero sí grandes implicaciones políticas.

Plano personal
Félix Alejandro Maradiaga Blandón nació en Jinotega el 23 de septiembre de 1976.
Está casado con la comunicadora Berta Valle y tienen una hija de cuatro años llamada Alejandra.
Más que religioso, Maradiaga se autodenomina “espiritual”. Una de las primeras actividades que hace a diario es leer la Biblia.
En 1987, a sus 12 años, su mamá lo envió a Estados Unidos por la dura situación que vivía Nicaragua a causa de la guerra. Duró dos semanas para llegar a la frontera entre México y Estados Unidos, y cruzó el Río Bravo a nado. Del otro lado no lo esperaban familiares sino un campamento de refugiados. Después fue adoptado por una familia nicaragüense.
Regresó a Nicaragua para terminar el colegio se graduó, estudió Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en Keiser University, tiene una maestría en Administración Pública de Harvard y otra en Ingeniería Renovable de la Universidad de Barcelona. También hace parte de un programa académico de Yale y planea seguir estudiando.
Una de sus pasiones es el buceo. Es “master diver”, es decir, casi buzo experimentado.
También le interesa mucho la historia y los libros de no ficción. Acaba de terminar una colección de obras sobre la Segunda Guerra Mundial y ahora hace una segunda lectura de la obra completa de Rubén Darío, incluidas sus epístolas y sus crónicas periodísticas.
Es consultor privado para temas de inversiones y es director interino del Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas (Ieepp), pues asegura que están en “una etapa de transición estratégica” y que pronto elegirán a un director fijo en esa plaza.
La mayoría de sus ingresos, comenta, proviene de trabajos de consultoría que hace fuera de Nicaragua. Es sobre todo asesor en análisis de riesgo, planificación estratégica y promoción de inversiones.