Iván de Jesús Pereira

¿Por qué no cae Maduro?

Terminaba el año de 1960 cuando John F. Kennedy ganaba las elecciones en los Estados Unidos (EE. UU.) derrotando a Richard Nixon y coronándose como el presidente número 35 de esa nación. Una de las primeras noticias de las que fue informado el nuevo mandatario de parte de la administración Eisenhower que entregaba, fue el entrenamiento por medio de la Central de Inteligencia (CIA) en Guatemala, con el consentimiento de su presidente Miguel Ydigoras Fuentes, de unos mil quinientos exiliados cubanos para crear un “Ejército de Liberación” para derribar a Fidel Castro Ruz, quien desde el balcón de Ayuntamiento de Santiago de Cuba había tomado el poder de Cuba un 1 de enero de 1959.

El 16 de abril de ese año de 1961, la invasión arribó a las playas de Bahía de Cochinos, las fuerzas invasoras pronto descubrieron que los destroyers norteamericanos que los había acompañado los dejaban solos, la invasión llevada a cabo en contra del criterio de alto mando militar norteamericano, quienes siempre vieron dicho evento con mucho escepticismo y que condicionaban su éxito a que las fuerzas invasoras contasen con la supremacía de los espacios aéreos, fracasaba estrepitosamente, y tres días después de su arribo un 19 de abril se rendían dejando un saldo de cien muertos y unos 1,200 prisioneros de guerra. Todo esto relatado magistralmente en un bello libro titulado Dereliction of Duty  (Negligencia del Deber), escrito por el actual jefe del Consejo Nacional de Seguridad de los EE. UU., el teniente general Herbert Raymond McMaster.

Aunque el presidente Kennedy se responsabilizó públicamente de tales actos, jamás profundizó los efectos de tal acción. Eso le costaría a los EE. UU. ente otras cosas, la Crisis de los Misiles con la Unión Soviética de octubre de 1982, la instalación de focos guerrilleros en varios países de América Latina. Entre 1965 y 1967, el envío de tropas cubanas al Congo en 1965 y la creación y desarrollo de un amplio frete antinorteamericano en toda América Latina que ha perdurado hasta la fecha.

Ante una nueva administración norteamericana, que todavía no tiene una política exterior bien definida, los acontecimientos ocurridos en Venezuela, en especial la inmensa marcha de ese bravo pueblo, en contra de la dictadura de Maduro requieren que se le recuerde los errores del pasado en su política y nos lleva a preguntarnos. ¿Qué está pasando verdaderamente en ese país? ¿Cómo es posible que, con los índices de inflación, el desabastecimiento generalizado, los escasez de medicinas, la violencia generalizada, la quiebra del sistema productivo y toda la presión internacional que existe el régimen de Maduro siga en pie?

Lo que cuesta entender y debe de estar totalmente claro para cualquier análisis es que Venezuela es un Estado intervenido por otro Estado, en este caso Cuba. En Venezuela hay un ejército cubano que es la columna vertebral del sistema chavista. 60,000 a 80,000 cubanos en áreas que van desde las fuerzas armadas hasta los departamentos de seguridad, salud, educación, deportes, comunicaciones…

El principal componente es el Estado Mayor cubano permanente en Fuerte Tiuna, en contacto directo con el centro de operaciones de La Habana, e integrado por dos generales, cuatro coroneles, cinco tenientes coroneles y 25 oficiales subalternos, los cuales dirigen ocho batallones cubanos.
La Contra Inteligencia Militar cubana (CIM) tiene infiltradas al Ministerio de Defensa, al Estado Mayor venezolano, la fuerza aérea, la marina y la Guardia Nacional.

La Inteligencia cubana funciona en la cancillería y embajadas venezolanas. La infraestructura petrolera clave, como la de Planta Centro, se halla custodiada por tropas especiales cubanas que solo responden a La Habana.

En Venezuela, donde verdaderamente existe un narco-Estado, que financia y equipa a los “colectivos” grupos parapoliciales del chavismo, entrenados por los cubanos, la lucha es totalmente desigual. Según fuentes militares “los colectivos mantienen no solo un control absoluto del territorio de su sector, sino que también poseen el monopolio de los recursos que el Estado entrega a las comunidades, lo cual les da un poder de influencia que le permite dominar a todos los miembros de la comunidad”.

En pocas palabras, lo que hay en Venezuela, es como decimos en Nicaragua, “un pleito de tigre suelto con burro amarrado”.
El autor es abogado.

COMENTARIOS

  1. Roger G. Fischer
    Hace 9 años

    El caer Maduro no es la solución, la solución es la caída de todo ese régimen corrupto. Maduro es solo una pieza de ese engranaje y aferrarse al poder es la única protección que todo ese gran aparato criminal tiene para garantizar su impunidad.

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